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3 de abril de 2013

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Antes de reciclar, enviar donde sea necesario


Historia de un economista es la historia de Peter Griffins, quien durante cuatro meses trabajó para el Banco Mundial en Sierra Leona. Libro extremadamente interesante, al menos lo que llevo leido, que es más de la mitad. Podría hacer una reseña de casi cada capítulo, por las revelaciones que hay para un occidental como yo, sobre el día a día en uno de los paises más pobres del mundo. Sierra Leona.

El siguiente fragmento, me ha llamado poderosamente la atención, ya que es un aspecto en el que nunca había pensado pudiese influir con tanta importancia en la erradicación del analfabetismo mundial:

Al mirar a estos niños dirigiéndose a la escuela, me pregunto si su educación les hará algún bien o no. Se denuncia que alguien que ha completado la educación primaria será funcionalmente analfabeto en tres años, a no ser que obtenga un trabajo que exija leer y escribir. No abundan este tipo de trabajos y aunque en teoría abundaran, nuestro Ministerio no puede permitirse comprar papel, así que no se escribe. Ni siquiera pueden evitar volver al analfabetismo leyendo mucho. En los países pobres, y Sierra Leona es muy pobre, no hay nada disponible para leer en forma de libros, revistas o periódicos. Hay unos cuantos pequeños diarios en la capital, y las mecanógrafas siempre parecen estar leyendo las novelas románticas de Milis & Boon de décima mano, pero así es. 


Nadie aquí puede aprender a leer y escribir corno yo lo hice (mediante la lectura voraz de cómics, libros infantiles, después novelas de misterio, historias de detectives, ciencia-ficción, etc.. más que por lo que aprendí en la escuela). Incluso los universitarios licenciados de aquí han leído pocas cosas que no estuvieran en su programa de estudios, pues los libros no están disponibles. Me gustaría ver a Gran Bretaña enviando todos los libros de segunda mano, restos de ediciones, incluso revistas no vendidas, al Tercer Mundo. No tendrían por que ser libros educativos, simplemente algo que la gente pueda disfrutar leyendo. Es asombroso que los jóvenes profesionales que nos encontramos sean risueños y estén entregados a su trabajo. Creen que son diferentes, incluso aunque no tengan mucho material ni medios para realizar sus trabajos. Un hombre joven no parecía tan contento. Había crecido en Freetown y fue allí a la universidad. Sus estudios fueron brillantes. Después hincas doctorado en Cambridge, y pensó que el único límite era el cielo. Ahora ha sido arrojado al olvido como trabajador en un proyecto sin prácticamente salario. Tiene que desempeñar un trabajo en el que no necesita ninguna de las capacidades que le ha costado esfuerzo aprender, y no recibe ningún respeto ni reconocimiento puras formación. Ni siquiera puede obtener suficientes medios para realizar su trabajo rutinario adecuadamente. Estaba bastante alterado mientras me contaba todo esto, y creo que está cerca de una crisis nerviosa. ¡Qué pérdida! 

A la vista de lo necesario que es llevar documentos impresos a los lugares donde realmente son necesarios, me surge la pregunta con la que titulo el artículo, ¿No se debería mandar la mayor parte de revistas, comics, libros.. etc que hay en los contenedores de papel reciclado a estos paises en fase de erradicación del analfabetismo ? 



The Economist's Tale: A Consultant Encounters Hunger and the World Bank, Peter Griffins. 2004

26 de julio de 2012

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Cadena de memes: Libros

Estos últimos días, veo en varios de los blogs que más me gustan y sigo con asiduidad 1 2 3 4 (y por lo tanto recomiendo seguir si no lo haces ya) que se han sumado al meme creado por Sense of wonder y que básicamente consiste en hacer un repaso a los libros que hemos leido y que respondan, en unas breves lineas, a unos criterios marcados. No soy muy dado a las cadenas de memes, pero esta sin duda es de las que me interesan. Antes de empezarla he de decir que he me ha llevado mucho tiempo seleccionar los que incluyo a continuación, son bastantes libros leidos, y como en cualquier lista -injusta e incompleta por definición-, siempre quedarán algunos fuera que no lo merezcan. Y sin más preámbulos allá vamos.



  • Un libro que cambió mi vida

Ufff, la primera en la frente. Demasiada responsabilidad para un libro la de llevar sobre su lomo el haber cambiado la vida de alguien. Los que más se puede ajustar a esa definición de todos los que he leido tienen que ser obligatoriamente dos libros. El paquete parlante de Gerald Durrell y Momo de Michael Ende. Ambos los lei en el momento justo y con la edad exacta para pasar de ser un adolescente que utilizaba los libros para calzar la mesa a ser un lector compulsivo. Antes de estos, que lei entorno a los 14 años, había leido como mucho libros de El barco de vapor y siempre asociados a la obligatoriedad del colegio. El descubrir que la lectura era mucho más que unas lineas aburridas juntas que alguien un día puso ahí para que nos amargasen en el colegio se lo debo a estos dos libros. 

  • Un libro que tuve que leer más de una vez

Soy muy poco dado a la relectura de libros, en mayor parte por la pila de apilados pendientes de lectura que no deja más que crecer. Otra vez creo que soy incapaz de quedarme con sólo uno para esta categoría y tengo que volver a hacer compartir a dos el honor. En este caso son La historia interminable de Michael Ende y El pintor de batallas de Arturo Pérez Reverte. Con La historia interminable me sucedió algo que ni me había ocurrido ni me ha vuelto a suceder después; tener la necesidad acuciante al acabarlo de volver a leer inmediatamente desde la primera página. la filosofía que encierra ese libro despierta algo en tu interior, no te deja volver a ver a la sociedad - en especial la infantil- de la misma forma que la veías antes. Sin duda lo pondría obligatorio en cualquier instituto. El segundo libro, El pintor de batallas, que obviamente no tiene nada que ver con el anterior, nada, pero es el libro que más me ha tocado por dentro en los últimos años. Pocos libros me han removido las entrañas, aborrecer al ser humano, comprender y denostar la venganza, entender y repudiar la ira, sentir empatía por alguien que ha matado, comprender lo que de verdad es la guerra a través de los ojos de alguien que la ha vivido. me fastidia no saber explicar bien por qué me removió tanto, pero así fue. Otro que sería obligatorio, si de mi dependiera, este para todas la edades.

  • Un libro que me llevaría a una isla desierta

Si voy a estar encerrado en un lugar, sin posibilidad de salir, sin poder hablar con nadie, sin relacionarme, sin... ¿qué mejor que un libro que me lleve continuamente por otros mundos donde no se acaben las aventuras? ¿qué mejor que un libro donde sea yo el protagonista, dónde elija que historias y aventuras quiero vivir? Lo tengo claro, me iría a fantasía con Atreyu, volvería a vivir otra vez Una Historia interminable.

  • Un libro que me hizo reir

Por casualidades no han caido en mis manos muchos libros cómicos, de risas, o cómo se quieran llamar. Me he reido hasta la carcajada con muchos pasajes de libros, por ejemplo con los de la serie de Montalbano de Camilleri, o como los del agente sin nombre de Eduardo Mendoza. pro de sonrisa continuada y carcajada sonora creo que con los dos que más me he reido han sido Wilt de Sharpe y Mi tío Oswald de Dhal. Buen par de libros para enganchar a la lectura a quien sea reticente.

  • Un libro que me hizo llorar

No recuerdo ninguno que me haya hecho derramar lágrimas, pero si varios que me han puesto nudos en el estómago de tristeza, de rabia, de impotencia, de ira. Todos ellos en uno u otro modo están basados en experiencias personales reales de los escritores. Quizá los dos que más me han impactado en este sentido hayan sido Sin destino de Imre Kertèsz y En tierras bajas de Hërta Muller. Reconozco que ambos cayeron en mis manos sin saber de qué iban, por esa afición personal de ir a la biblioteca y pillar uno al azar que me llame la atención por algo en especial una vez que estoy allí. Ambos escritores fueron niños (uno judio-húngaro y Muller gitana-rumana) durante la Segunda Guerra Mundial.. Si conoces un poco de historia podrás imaginar como son estas autobiografías noveladas.

  • Un libro que me hubiera gustado escribir

Una breve historia de casi todo de Bill Bryson. Sólo por el trabajo de recopilación, investigación, conjunción, comprobación...etc de todos esos datos que jalonan el libro. 

  • Un libro que aborrezco

No encuentro ninguno que acoplar a esta definición. Si algún libro no me ha gustado lo he enterrado en el fondo de la mente y olvidado, no me rece la pena perder nada de tiempo aborreciendo alguno con la cantidad de ellos que me han gustado.

  • Un libro que me decepcionó

Aquí si que debo citar varios, y todos ellos comparten una característica común. Son de los llamados imprescindibles por una u otra razón. Salen en todas las listas de libros a leer por su supuesta calidad pero a mi en unas ocasiones me parecieron totalmente aburridos, en otras perfectamente prescindibles y en la mayoría de los casos libros que por unas razones u otras se les pasó su tiempo, en su día debieron ser oro, pero no han soportado bien el paso del tiempo. Cumplen alguna o varias de estas características títulos como El retrato de Dorian Grey de Wilde, La dama de las camelias de Alejandro Dumas, Almacén de antigüedades de Dickens, El guardian entre el centeno de Sallinger.... por citar varios.

  • Un libro que estoy leyendo ahora

Envidio a todos los que sois capaces (o tenéis tiempo) para poder simultanear lecturas, pero yo soy incapaz; cuando empiezo con uno sólo puedo estar con él. Ahora mismo estoy leyendo El puente de los asesinos de Pérez-Reverte. Séptima entrega de la serie de El capitán Alatriste. (lectura muy veraniega)

  • Un libro que pretendo leer

¿Sólo uno? Uffff, quiero leer todos los que pueda. la pila que está esperándome no cabe aquí.



Nota 1: Puedes ver todos los libros que he leido en los últimos años, desde que me dio por recopilarlos aquí. (Se agradece debate)

Nota 2: Como dije, esta es una iniciativa de @odo en su blog puedes encontrar muchos más blogs que se han sumado a la iniciativa

Nota 3: Si no tienes blog y quieres participar compartiendo esta lista, aquí lo tienes disponible, si no también puedes dejarlo en los comentarios de esta entrada. Como siempre, se agradecen todas las aportaciones ::-)

1 de junio de 2012

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Vuelta a 1984

Extracto de la novela 1984, escrita por George Orwell entre 1947 y 1948. ¿Te suena de algo?

...Pero también resultó claro que un aumento de bienestar tan extraordinario amenazaba con la destrucción era ya, en sí mismo, la destrucción de una sociedad jerárquica. En un mundo en que todos trabajaran pocas horas, tuvieran bastante que comer, vivieran en casas cómodas e higiénicas, con cuarto de baño, calefacción y refrigeración, y poseyera cada uno un auto o quizás un aeroplano, habría desaparecido la forma más obvia e hiriente de desigualdad. Si la riqueza llegaba a generalizarse, no serviría para distinguir a nadie. Sin duda, era posible imaginarse una sociedad en que la riqueza, en el sentido de posesiones y lujos personales, fuera equitativamente distribuida mientras que el poder siguiera en manos de una minoría, de una pequeña casta privilegiada. Pero, en la práctica, semejante sociedad no podría conservarse estable, porque si todos disfrutasen por igual del lujo y del ocio, la gran masa de seres humanos, a quienes la pobreza suele imbecilizar, aprenderían muchas cosas y empezarían a pensar por sí mismos; y si empezaran a reflexionar, se darían cuenta más pronto o más tarde que la minoría privilegiada no tenía derecho alguno a imponerse a los demás y acabarían barriéndoles. A la larga, una sociedad jerárquica sólo sería posible basándose en la pobreza y en la ignorancia. Regresar al pasado agrícola como querían algunos pensadores de principios de este siglo no era una solución práctica, puesto que estaría en contra de la tendencia a la mecanización, que se había hecho casi instintiva en el mundo entero, y, además, cualquier país que permaneciera atrasado industrialmente sería inútil en un sentido militar y caería antes o después bajo el dominio de un enemigo bien armado...

1984, George Orwell. Capítulo 3º. 

3 de abril de 2012

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Cómo trabar el I+D+I en España. Un poco de historia

Arturo Barea, quién posteriormente se convirtió uno de los mejores escritores españoles en el exilio tras la Guerra Civil, trabajó durante varios años en las décadas de los 20 y los 30 en la Oficina de Patentes y en la Agencia de la Propiedad Industria de Madrid. En ese periodo en el que estuvo examinando las patentes que se solicitaban en España, tuvo ocasión de conocer de primera mano los ardides de las grandes compañías para mantener su negocio tradicional y boicotear las nuevas ideas de jóvenes emprendedores y pequeñas empresas. 
Palacio de Fomento, sede de la oficina de patentes en la década de los 20


El mismo Arturo Barea aprovechó entre 1927 y 1935 para registrar tres inventos suyos: un envase para pasta dentífrica, unos perfeccionamientos para máquinas vaporizadoras y un sistema para fabricar objetos huecos en pasta celulósica. En su libro "La lucha" que forma parte de su trilogía La forja de un rebelde (que vuelvo a recomendar encarecidamente) dedica uno de sus capítulos de forma casi íntegra a sus vivencias en la Oficina de patentes, y dentro de estas, hace hincapié en los tejemanejes y presiones que ejercían ciertas compañías para que no se concediesen patentes que  mermasen sus ventas. Así lo narra:


Arturo Barea
Un catedrático de la Universidad Central de Madrid, profesor de química, descubrió un procedimiento para disolver las sales alcalino-térreas, hasta entonces insolubles. La solución de este problema suponía una revolución en varias industrias, y el inventor era consciente de ello. Para la obtención de azúcar se tritura la caña o la remolacha y se produce una melaza que contiene el azúcar en solución. De esta melaza se obtiene del 14 al 17 por 100 de azúcar contenido, porque la presencia de las sales alcalino-térreas impide separar el resto. Nuestro cliente lograba separar del 85 al 92 por 100. Es decir, se podía obtener cinco veces más azúcar y cinco veces más barato. Cuando la patente estaba en trámite a través de varios países del mundo, se presentó un día en el confesonario el gerente de una sociedad alcoholera. Una sociedad que figuraba como española, pero que en realidad era alemana y de hecho tenía el monopolio del alcohol industrial en España. 

-Barea, quiero una copia de esa patente.
-Está en trámite y no puedo dársela sin orden del inventor.
Me mostró una carta del inventor autorizándome a darle una copia y  toda clase de detalles. La leí, y comenzamos a hablar:
-¿Qué opina usted de la patente?
-Creo que es genuina. Inglaterra la ha concedido y Alemania también.
-Pero ¿usted cree que esto funciona?
-A mí me lo ha demostrado prácticamente en su laboratorio. Industrialmente no sé, pero en el laboratorio es un juego de niños.
-Bien. Quiero que plantee usted un pleito de nulidad de esta patente. -La sociedad era un viejo cliente nuestro.
-Lo siento, pero no podemos hacerlo. Somos los agentes del inventor.
-Ya lo sé. Lo que quiero es que se encarguen ustedes del asunto. Es decir, de dirigir el asunto, no de figurar en él. Figurará el abogado de la compañía. Pero el abogado no sabe una palabra de la ley de patentes.
-Pero es un pleito perdido. La patente es sólida y real y no se podrá anular.
-También lo sé. Pero... bueno. Le voy a explicar la situación. Nosotros compramos a la Azucarera todos los residuos de la melaza para hacer alcohol. El inventor ha firmado un contrato con la Azucarera, lo cual quiere decir que las melazas van a tener un cinco por ciento de azúcar en lugar de un ochenta  y cinco por ciento. Comprenderá usted que estamos en nuestro derecho de defender nuestro negocio. En el momento que pongamos pleito a la patente, la Azucarera suspende el contrato.
-Pero la patente no la anulan ustedes.
-¡Claro que no! Pero el inventor es un profesor de universidad y nosotros tenemos millones. El pleito va a recorrer todas las  instancias, y va a durar años. El abogado lo tenemos a sueldo en la casa. El único gasto son los honorarios de ustedes y los derechos. La patente no la anulamos, pero al inventor lo arruinamos. 

No aceptamos el negocio, pero tuvimos que tomar la defensa del cliente. El contrato con la Azucarera se anuló. Su fortuna personal, unas doscientas mil pesetas heredadas de su familia, se consumió en pleitos. La patente se mantuvo firme, pero la gran industria se rió al fin.

Una firma holandesa se interesó por la patente: explotaba el azúcar en las Indias neerlandesas. Cuando comprobó la realidad de la patente, le ofreció cinco mil florines por todos los derechos. El inventor rechazó indignado la proposición. Le replicaron que su único interés era tener la patente como defensa, porque, ¿quién se iba a preocupar de llevarla a la práctica cuando lo que sobraba en el mundo era azúcar, y el negocio estaba en crisis por exceso de producción? Una entidad norteamericana fue más brutal: «No sabemos qué hacer con el azúcar de Cuba, y ¿quiere usted que le paguemos dinero por el derecho de fabricar cinco veces más barato un producto que no se vende?».

Personalmente, no me interesaba el inventor, pero me interesaba el problema económico que planteaba esta patente. El azúcar en  España era uno de los artículos de primera necesidad más caros. Constituía en realidad el monopolio de un trust que controlaba los precios de la remolacha y tenía profundas  ramificaciones en la política para mantener unos aranceles prohibitivos al azúcar  extranjero. Se pagaban precios de hambre al cultivador aragonés de remolacha y se marcaban precios exorbitantes a un consumidor que carecía de la posibilidad de elección. Las clases pobres consideraban el azúcar un artículo de lujo. Lo habían considerado siempre desde que España perdió la isla de Cuba. Aún recordaba yo la parsimonia con que mi madre prodigaba la cucharadita de azúcar en su café.

No era éste un caso aislado, ¡no! Mi confesonario ha visto desfilar entre sus paredes de acero y cristal a docenas de tiburones de la industria y de las finanzas, cada uno con su idea recóndita para acrecentar sus millones, aun a costa de vidas humanas. A mi confesonario venían los hombres que viajan  a través de Europa en avión y firman contratos fantásticos entre vuelo y vuelo.  Algunos ganan miles de pesetas por día.Costosos agentes de amos que se ocupan  en el incógnito, llegaban, impecablemente vestidos, aunque no siempre les sentaba bien la ropa; se instalaban en los mejores hoteles; eran refinados en sus maneras; exquisitos, suaves y convincentes en sus tratos; y a menudo increíblemente brutales y primitivos en sus diversiones después del negocio. Los he visto vestidos y desnudos,  en negocio y en juerga; porque era mi trabajo ser el agente de estos agentes. 

Tengo que hacer una aclaración: yo no creo que todo hombre de negocios es un canalla. He conocido y conozco muchos industriales y comerciantes honrados y sanos, con su defecto humano de querer ganar más y más. No hablo de éstos, sino de los otros. De los comerciantes e industriales que personalmente no existen. De los que no se llaman Muller, Smith o Pérez, sino que se esconden bajo un anónimo y se llaman la Deutsche A.G., la British Ltd. o la Ibérica S.A., y que en la impunidad de este anónimo, sin que nunca se encuentre al responsable, acaparan negocios, imponen precios y destruyen países. Sus directores y sus agentes comerciales no tienen más que una consigna: el dividendo. Los  concerns  y los  trusts   no están interesados en que sus agentes sean personas honradas, sino en que sean personas que sepan aparecer como honradas legalmente. Si es necesario sobornar a un ministro para que firme una ley, la sociedad da el dinero, pero es necesario que el agente sepa hacer de forma tal que nunca pueda probarse que fue la sociedad quien pagó.

Desde mi punto de observación del mecanismo económico, llegué a conocer estas entidades que pueden regalar acciones liberadas a reyes empobrecidos o avariciosos y hacer y deshacer ministros para pasar una ley de la cual muchas veces no ya el país, sino ni aun los diputados de la Cámara se enteran. Pero son demasiado poderosas para que simples palabras las hieran. Yo sabía quién pagó doscientas mil pesetas por el voto del más alto tribunal de España en el año 1925, para que se resolviera un pleito a su favor en el que se discutía nada más ni nada menos que el que España pudiera o no tener una industria aeronáutica propia. Sabía que los fabricantes de paños catalanes estaban a merced de un concern de industrias químicas las Industrias Químicas Lluch- que figuraba como español pero que de hecho pertenecía nada menos que a la I.G. Farben-Industrie. Sabía quiénes pagaron y quiénes cobraron miles de duros para que el pueblo español no pudiera tener aparatos de radio baratos, a través de una sentencia injusta. Y quiénes fueron los que a través de la ceguera estúpida de un dictador de cuarto de banderas se apoderaron del control de la leche en España, arruinaron a miles de comerciantes honrados, arruinaron a los granjeros de Asturias y obligaron a pagar al público leche más cara y sin valor nutritivo. Pero ¿qué podía hacer yo?

Por el confesonario, por «mi confesonario», pasaban estos hombres y estas cosas. Yo era una ruedecilla insignificante de la maquinaria, pero la fuerza tenía que pasar a través de mí. No tenía derecho a pensar ni a ver. Se me consideraba como un complemento de ellos, como uno más que estaba haciendo su carrera. ¡Y se confesaban conmigo! En la escuela me había visto entre el engranaje de un sistema hipócrita de enseñanza que comerciaba con la inteligencia y la miseria para atraer al internado a los hijos de los mineros ricos. En el ejército me había visto entre el engranaje de los obreros de la guerra, maniatado por un código militar y por un sistema que impedía probar nada, pero que permitía destruir fácilmente a un sargento. Ahora me veía en otro engranaje, al parecer menos brutal, pero mucho más sutil y eficaz. Podía rebelarme, pero ¿cómo? A un juez no podéis ir a contarle que el gerente de una sociedad alcoholera trata de despojar a un inventor de su trabajo y a una nación de azúcar cinco veces más barato. Los jueces no están para eso. Los jueces están para perseguiros a vosotros, porque habéis violado un secreto profesional y esto es delito. Lo otro... lo otro son negocios y en negocios todo es legal. La sociedad puede atacar una patente que cree nula; el inventor tiene el derecho legal de defenderse. Si no puede, si no tiene los millones necesarios para enfrentarse con una sociedad anónima y para resistir cinco años de pleito, esto no es culpa del juez ni de las leyes, es mala suerte del inventor.

Si yo planteo una denuncia semejante, el juez se ríe de mí y mi jefe me pone en la calle. Pierdo mi prestigio de trabajador leal e inteligente y se me cierran todas las puertas. Me muero de hambre bajo el dedo acusador de la familia que me llama idiota. Puedo ir a la cárcel por calumnia. Por calumniar a los que arrebataron la nata de la leche a los niños de Madrid; por calumniar a los que les arrebataron el azúcar; por calumniar a personas decentes, honorables, que hacen negocios lícitos...


Fuente: La llama, La forja de un rebelde. Arturo Barea

25 de enero de 2012

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Negro sobre blanco sobre la trébede

Esta entrada estaba pensada para hace unos 20 días, nada más empezar 2012 y como resumen del año 2011 en cuanto a lecturas se refiere. Pero entre unas cosas y otras lo he tenido que retrasar por falta de tiempo.

Hace cosa de unos dos años decidí abrir un blog sobre los libros que iba leyendo, con la idea de dejar mis sensaciones, mis críticas, mis impresiones según iba acabándolos. Tras las primeras pruebas, constaté que lo mío no es la crítica ni la reseña literaria, por lo que el blog ha acabado siendo una mera recopilación de las portadas de los libros leídos. Aún así, no quiero dejar escapar la ocasión de recomendar unos cuantos de los mejores libros que leí a lo largo del año pasado. En total cuento 49 libros acabados durante 2011. Novela y divulgación tanto histórica como científica. 

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Estas son mis recomendaciones, sin ningún tipo de orden especial.

La forja de un rebelde


Trilogía autobiográfica del escritor republicano Arturo Barea. Si quieres entender todo el principio del S.XX español, desde su comienzo hasta el final de la guerra civil contado por alguien que estuvo implicado de primera mano, no te pierdas esta trilogía. Imprescindible. Su sencillez y humanidad a la hora de describir imágenes dantescas de su propia vida, hacen de esta trilogía, una obra de arte tanto de la novela histórica como de la costumbrista. Hay que señalar que, como pasa habitualmente con los libros buenos, la forja de un Rebelde crece, como libro y como obra literaria, según se va desarrollando la vida de su protagonista.





¿Qué te importa lo que piensen los demás?

 Divulgación en mayúsculas. Quizás con Feynman no soy objetivo, pero este es uno de los imprescindibles. la visión de uno de los mayores genios científicos de la historia sobre temas científicos, sociales y humanísticos, ciencia explicada, ciencia enseñada, métodos científicos, pensamiento crítico....este libro tiene de todo lo que debe contener un libro de divulgación y además todo el genio y el humor de Feynman. 

También cuenta con el relato íntegro de la investigación de la explosión del transbordador Challenger. Imprescindible





La sonrisa etrusca

¿Quieres conocer la forma de pensar de nuestros mayores, de todas esas generaciones con más de 70 años ahora mismo? Cuando leía este libro oía a mi abuelo, lo escuchaba; sabía como iba a obrar el protagonista en la escena siguiente. José Luis Sampedro consigue un tierno retrato de todos esos abuelos a los que la revolución tecnológica y la libertad de la sociedad les pilló sin casi tiempo a adaptarse a ellas. Tierno retrato del dónde venimos.








La inteligencia fracasada

El gran objetivo de la inteligencia es lo que llamamos felicidad y por ello todos sus fracasos tienen que ver con la desdicha. Resulta trágico comprobar que con frecuencia las circunstancias, las experiencias, limitan los recursos intelectuales de una persona, su capacidad para enfrentarse con la vida. Se da entonces un fracaso objetivo del que la víctima no es, claro está, responsable. Un niño al que se le ha inoculado el odio va a sufrir un desajuste permanente en su vida. Es una inteligencia dañada.Muchas veces resulta difícil distinguir entre la inteligencia dañada y la fracasada, porque ambas llegan a los mismos penosos resultados.La inteligencia puede triunfar y sería deseable que lo hiciera.
Esto es parte del prólogo.  Lo de dentro es mucho mejor




Me odiaría cada mañana

Me odiaría cada mañana es la autobiografía de un personaje excepcional, Ring Laedner y que no se ciñe sólo la narración de unos hechos (la llamada Caza de Brujas) que acabaron con la libertad de expresión en los EE.UU. de posguerra. También es muchas más historias.

Si quieres entender la situación del comunismo en EE.UU. la situación de la postguerra, la propaganda y todo eso de lo que has oido hablar mil veces, en este libro podrás encontrarlo de primera mano






El secreto del fuego

Un acto literario transformado en compromiso social. Este libro trata de Sofia, quien un día pisó una mina antipersona que estaba enterrada en las afueras de su poblado en Mozambique. Sofia existe realmente. Es una persona invencible. Sobrevivió y no se deja pisar. Henning Mankell ha conocido a Sofia y son amigos cercanos.

La vida en uno de tantos países africanos sumidos en interminables guerras tribales a través de la historia real de una niña contada por el escritor que vive allí mismo. De los que encogen el alma.





El mundo de ayer

"El mundo de ayer" fue el testamento de Stefan Zweig, pero es más, es también una descripción excelente de la vieja Europa anterior a la primera guerra mundial y de los estériles intentos en el tiempo de entreguerras por oponer al nacionalismo la idea de una Europa unida, consciente de su rica diversidad cultural.
Stefan Zweig es un intelectual europeo, como ha habido pocos en el siglo XX. Su biografía muestra que también nuestro mundo está amenazado si olvidamos las razones del fracaso de El Mundo de Ayer.

Imprescindible si te preguntas cómo fue posible que en Europa llegásemos a algo como la II WW



Sin destino

Historia del año y medio de la vida de un adolescente en diversos campos de concentración nazis (experiencia que el autor vivió en propia carne), “Sin destino” no es, sin embargo, ningún texto autobiográfico. Con la fría objetividad del entomólogo y desde una distancia irónica, Kertész nos muestra en su historia la hiriente realidad de los campos de exterminio en sus efectos más eficazmente perversos: aquellos que confunden justicia y humillación arbitraria, y la cotidianidad más inhumana con una forma aberrante de felicidad. Testigo desapasionado, “Sin destino” es, por encima de todo, gran literatura, y una de las mejores novelas del siglo XX, capaz de dejar una huella profunda e imperecedera en el lector.




 Mala Ciencia

Uno de esos libros que todos deberíamos leer, porque gira en torno a un montón de errores, manipulaciones o directamente mentiras que pueden afectar gravemente a nuestra salud, por lo que conviene estar bien informado. En Mala Ciencia, no te dejes engañar por curanderos, charlatanes y otros farsantes, Ben Goldacre, desmantela con maestría la pseudociencia que se esconde tras muchos remedios supuestamente milagrosos, y nos revela la fascinante historia de cómo llegamos a creer lo que creemos, proporcionándonos las herramientas para descubrir la ciencia fraudulenta.

Quizás el más imprescindible de todos




Cómo mojar una galleta

La ciencia de la cotidianeidad. ¿Cómo es mejor atornillar un tornillo? ¿Cómo me cansaré menos para cambiar alguna pieza? ¿Por qué los coches consumen diferente dependiendo de la conducción? ¿Dónde usar por ejemplo una doble polea para no tener que hacer esfuerzos grandes?

Todas estas y muchas más preguntas tienen respuesta amena pero profunda desde el punto de vista científico en este libro.







El curioso incidente del perro a medianoche

En El curioso incidente del perro a medianoche se nos cuenta la historia de un adolescente algo especial: padece síndrome de Asperger, una forma severa de autismo que impide a los que la padecen comunicarse de forma normal con otras personas. Sin embargo, en un número bastante elevado de casos, va acompañado de una brillantez en algún tema de interés por parte del enfermo: las matemáticas, la música, la informática…

Muy ameno y divertido, a la vez que nos da una visión muy cercana del día a día de la gente con este trastorno.





Estos son los que más recomiendo de todos los que leí el año pasado. Por supuesto recomiendo leer cualquiera de ellos, que los gustos no tienen por qué coincidir. Este año ya llevo 5 por ahora, alguno de ellos entre las recomendaciones que me han/béis ido haciendo entre todos.

¿Me recomiendas los dos mejores libros que leíste el año pasado para hacerme la lista de lecturas de este 2012?

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10 de enero de 2012

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Me gusta leer IV: La vida nocturna de los libros...

Navegando por Tecnología Obsoleta (blog que no me canso de recomendaros encarecidamente) me encuentro con esta maravilla visual. Ya que Alejandro lo ha descrito perfectamente, voy a dejar sus palabras tal cual, las cuales suscribo por completo.

Dedicado a todo al que, como a mí, le apasionen los libros, las librerías o las bibliotecas y todos los detalles que en esos mágicos lugares pueden encontrarse. Se trata de un vídeo que es todo un ejercicio de amor a los libros, realizado por Sean Ohlenkamp y Lisa Blonder Ohlenkamp, fruto de muchas noches de experimentación en una librería de Toronto. ¡Es una maravilla! 



Si te ha gustado esta forma de divulgación de la lectura, no te pierdas estas que también incluí aquí. 

26 de noviembre de 2011

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Las matemáticas al servicio de la investigación literaria

¿Es posible conocer la autoría de una obra literaria por las palabras y la frecuencia de uso de éstas que contiene? Esta es una pregunta recurrente entre los estudios de obras que nos han llegado hasta hoy como anónimas y de las que se sospecha una autoría que no ha podido ser confirmada por estudios historico-literarios tradicionales.

Dos matemáticos y un físico, DaríoBenedetto, Emanuele Caglioti y Vittorio Loreto de la Universidad deLa Sapienza en Roma, decidieron poner a prueba el algoritmo Lempel-Ziv como método de identificación de creadores literarios. Su objetivo era identificar a los autores de obras literarias. Noventa textos escritos por 11 autores italianos (entre ellos Dante Alighieri y Pirandello) sirvieron como material de base. Se elegía el texto de un autor determinado y se le unían dos pequeños textos de igual tamaño: uno del mismo autor y otro de un autor diferente. Se introducían estos archivos en un programa de compresión, como el popular WinZip, y los científicos comparaban cuánto espacio de almacenamiento necesitaba cada uno. Conjeturaron que la entropía relativa del texto combinado les daría una idea sobre la autoría del texto anónimo. Si ambos eran obra del mismo autor, el algoritmo necesitaría menos espacio de almacenamiento que si el texto adjunto estaba escrito por otro diferente. En el segundo caso, la entropía relativa sería mayor, dado que el algoritmo tendría que considerar los distintos estilos y palabras usadas por ambos autores. En consecuencia, necesitaría más espacio para almacenar el archivo. Cuanto más pequeño fuera el archivo comprimido de los dos textos combinados, más probable era que el texto original y el adjunto pertenecieran al mismo autor. Los resultados del experimento fueron francamente increíbles. Cerca del 95% de las veces los programas de compresión permitieron identificar correctamente al autor.


Seguramente embargados por la emoción del éxito de su nuevo enfoque, los tres científicos no se dieron cuenta, o al menos olvidaron mencionar en su bibliografía, que su método no era tan original como creían. De hecho, no fueron los primeros en pensar que los métodos matemáticos se podrían usar para atribuir textos literarios a sus autores. George Zipf, profesor de Lingüística en Harvard, ya había abordado temas como la frecuencia de palabras en 1932. Y el escocés George Yule había demostrado en 1944, en un artículo titulado Estudio estadístico del vocabulario literario, cómo había podido atribuir el manuscrito De imítatione Christi al conocido místico Tomás de Kempis, que vivió en los Países Bajos en el siglo XV. Y por supuesto, hay que mencionar los papeles federalistas del siglo XVIII, cuya autoría por parte de Alexander Hamilton, Iames Madison y Iohn Iay fue determinada por los estadísticos americanos R. Prederick Mosteller y David L. Wallace

Dado que todo les había ido tan bien, Benedetto, Caglioti y Loreto decidieron llevar a cabo otro experimento. Analizaron los grados de afinidad entre lenguajes diferentes. Dos lenguas que pertenezcan a la misma familia lingüística deberían tener una entropía(1) relativa baja. Por tanto, podría comprimirse de forma más eficiente una combinación de dos textos escritos en lenguas que estén emparentadas que dos que pertenezcan a familias diferentes. Los científicos analizaron 52 lenguas europeas. De nuevo, tuvieron éxito. Usando el programa de compresión, pudieron clasificar cada lengua en su grupo lingüístico correspondiente. El italiano y el francés, por ejemplo, tienen una entropía relativa baja y por tanto pertenecen a la misma familia. El sueco y el croata, por otro lado, tienen una entropía relativa alta y por tanto han de provenir de grupos lingüísticos diferentes. WinZip consiguió incluso identificar el maltés, el vasco y el húngaro como lenguajes aislados que no pertenecían a ninguno de los grupos lingüísticos conocidos. 
El estudio completo se puede consultar en. Dario Benedetto, Emanuele Caglioti, Vittorio Loreto, "Language Trees and Zipping", Phys. Rev. Lett., 88, 048702 (2002) 

(1)
Para entender la compresión de datos, es necesario familiarizarse con el concepto de entropía. En física, la entropía es una medida del desorden de un sistema, por ejemplo un gas. En telecomunicaciones, la entropía es una medida del contenido en información de un mensaje. Un mensaje que consista, por ejemplo, en 1.000 repeticiones del número 0 tiene muy poco contenido en información y una entropía muy baja. Se puede comprimir a la pequeña formula 1000x0 Por otro lado, una secuencia totalmente aleatoria de unos y ceros tiene una entropía muy alta. No se puede comprimir en absoluto, y la única forma de almacenar dicha secuencia es repitiendo todos sus caracteres. La entropía relativa indica cuánto espacio de almacenamiento se ocupa si una secuencia de caracteres se comprime, con un método que se había optimizado para una secuencia diferente. El código morse, concebido para el inglés, puede ser un ejemplo. La letra que aparece mas frecuentemente en inglés, la e, obtuvo el código mas corto: un punto. Las letras que aparecen menos obtienen códigos mas largos, por ejemplo <<—.-» para la -q-. Para otras lenguas, el código morse no es idóneo, porque las longitudes de los códigos no corresponden con la frecuencia de las letras. La entropía relativa mide entonces cuántos puntos y guiones adicionales se necesitan para transmitir un texto, digamos en italiano, con un código que esta pensado para el inglés. 



La mayoría de las rutinas de compresión de datos estén basadas en algoritmos desarrollados a finales de los años setenta por dos científicos israelíes del Technion en Haifa. El método que desarrollaron Abraham Lempel, informático, y de Jacob Ziv, ingeniero electrónico, se basa en el hecho de que en un archivo aparecen secuencias idénticas de bits y bytes. La primera vez que una secuencia aparece en el texto, se introduce en una especie de diccionario. Cuando vuelve a aparecer la misma secuencia, un marcador señala el lugar adecuado del diccionario. Dado que el marcador ocupa menos espacio que la secuencia, el texto se comprime. Pero aún hay mas. La distribución de la tabla que lista todas las secuencias no sigue las reglas de clasificación de un diccionario normal, si no que se adapta al archivo en concreto que queremos comprimir. El algoritmo <<aprende>> a distinguir qué secuencias aparecen mas a menudo y adapta la compresión a ellas. Cuando el tamaño del archivo aumenta, el espacio necesario para almacenarlo crece hacia la entropía del texto.

Fuente: La vida secreta de los números. GEORGE G. SZPIRO, ALMUZARA, 2009 ISBN 9788492573288


Este artículo es mi primera colaboración con la Edición 2.8 del Carnaval de Matemáticas, que en esta ocasión organiza Ciencia Conjunta.


22 de noviembre de 2011

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Propaganda soviética contra el consumo de alcohol

Durante todo el S.XX el alcoholismo ha sido una de las grandes lacras de la sociedad soviético-rusa. Hasta el S.XX el consumo en términos relativos de bebidas alcohólicas entre los ciudadanos de la Unión Soviética era uno de los más bajos de Europa. Con la introducción de la tremenda industrialización forzada a la que se vio abocada con la llegada del comunismo en las primeras décadas del siglo XX, una gran parte de la población campesina soviética emigró al ámbito urbano desde las zonas rurales. Hasta ese momento, el consumo de alcohol estaba en su mayor parte controlado por las autoridades civiles rurales y urbanas.

La llegada del alto número de campesinos a las grandes ciudades, la liberalización en el consumo de alcohol y el precio reducido que presentaba este debido a las nuevas técnicas de producción, embotellado y distribución redujeron el coste de fabricación de redujese considerablemente e hicieron que la masa popular tuviese acceso rápido y barato a las bebidas alcohólicas. Esta facilidad en la adquisición, unida a las duras condiciones laborales de que gozaban la mayor parte de la población obrera tuvo como resultado una cultura de la embriaguez permanente y de la pérdida de consciencia. Los sucesivos gobiernos a partir de 1920 tomando conciencia de la gravedad de la masificación de esta conducta, intentaron poner en marcha diferentes campañas contra el consumo de alcohol. Estas campañas gubernamentales duraron hasta 1990. 

Estos carteles que vemos a continuación formaron parte de estas campañas:



No seas prisionero de los malos hábitos
De la vida real
Así es como uno se vuelve semejante a un cerdo

El amigo del vodka es el enemigo del sindicato
Todo rio empieza en un pequeño arroyo




El alcohol es enemigo de la mente






¿A ti tampoco te dejan entrar en casa?

Recopilación de carteles:


 Fuente: Laughing squid



17 de octubre de 2011

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Cosas todos deberíamos saber sobre los transgénicos

¿Sabías que la insulina es un transgénico? ¿O que el algodón con el que te curas las heridas también es un producto transgénico? La mala fama que tienen los transgénicos, es el resultado de una ardua campaña de descrédito hacia estos basada en una fuerte desinformación de qué son en realidad, como son tratados y que controles pasan.

Echa un vistazo a estos dos videos cortitos, pero claros, respecto a qué son los transgénicos y el por qué de su injusta demonización.




J. M. Mulet (Denia, 1973), es licenciado en Química por la Universidad de Valencia (1996) y doctor en la especialidad de Bioquímica y Biología Molecular (2001). De 2003 a 2006 trabajó en el Biozentrum de la Universidad de Basilea (Suiza). Desde 2008 es profesor de Biotecnología en la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) y dirige el laboratorio de crecimiento celular y estrés abiótico del Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas, centro mixto del CSIC y de la UPV. Ha publicado diversos artículos tanto de investigación en revistas científicas como de divulgación. Es autor del blog Los productos naturales ¡vaya timo! (losproductosnaturales.blogspot.com).



Bonus track:

11 de octubre de 2011

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El empresario que realizó un pedido 100 ó 120 bacaladas, recibió 1000120, se hizo millonario y popularizó el bacalao en Bilbao

Imagínate que haces un pedido de unas cien bacaladas y recibes un millón de ellas sin posibilidad de retorno porque el error ha podido ser tuyo. Seguramente supondría la quiebra para tu empresa, tu ruina por no poder hacer frente al pago y al coste del aprovisionamiento. Lo que en condiciones normales supondría la ruina, "gracias" al estallido de una guerra supuso la creación de una de las mayores fortunas de España y la popularización del bacalao como producto típico de Bilbao.

Bilbao a mediados del S.XIX

En el año 1824, el Ministerio de Agricultura había establecido el Monopolio Estatal del Bacalao, por lo que todas las grandes importaciones de este pescado deberían ser controladas por el gobierno. Muchos fueron los empresarios que intentaron saltarse este control con pedidos pequeños que intentaban pasar desapercibidos en los puertos. Uno de esos empresarios fue José Mª Gurtubay, pequeño comerciante bilbaíno con origen en Dima. En noviembre de 1835 José Mª, envió un telegrama a sus proveedores ingleses que decía "Envíenme primer barco que toque puerto de Bilbao 100ó120 bacaladas primera superior" que fue interpretado en recepción como "Envíenme primer barco que toque puerto de Bilbao 1000120 bacaladas primera superior". Lo que en principio era un pedido normal, se convirtió en un pedido de un millón ciento veinte bacaladas. 

Cargueras de bacalao a finales del S.XIX

Desesperado por el pago a realizar y la cantidad de excedente que tenía en el almacén, comenzó una serie de viajes para intentar vender la mayor parte de su mercancía fuera de Bilbao, realizando viajes a Galicia, Asturias, Navarra...pero justo a principios de 1836, el inicio del 2º Sitio de Bilbao de la 1ª Guerra Carlista, hizo que la ciudad quedase desabastecida tanto por tierra como por mar al estar bloqueados sus puertos. El cargamento ingente de bacalao que Gurtubay todavía conservaba en sus almacenes, hizo que la ciudad de Bilbao pudiese estar abastecida durante muchos meses, además de reportar grandísimos beneficios al comerciante. El gran consumo de esos días en Bilbao de bacalao (valga la cacofonía) hizo que la manera de preparación de este pescado fuese de tantas formas distintas como han llegado a nuestros días.

Mercado de bacalao, finales S.XIX

De esta manera surgió una de las principales fortunas más grandes de España. Posteriormente la visión comercial de Gurtubay le hizo acometer empresas como la participación en el ensanche de Bilbao, el nacimiento del ferrocarril en tierras vascas con la línea Bilbao - Tudela, la financiación del Banco de Bilbao... El linaje Gurtubay entró rápidamente entre la burguesía española gracias a sus posesiones, llegando incluso a emparentar con la Casa Alba. Una nieta de José Mª Gurtubay se casó con el XVII Duque de Alba, abuelo de la actual Duquesa de Alba, quién tiene Gurtubay como uno de sus apellidos.


Fuente:  'Empresarios al magnesio", Manolo Llano Gorostiza