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11 de febrero de 2012

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El mal del cerebro

Por fin he tenido tiempo tranquilo para poder ver el documental que llevaba varios días guardado desde que lo estrenaron hace un par de semanas. Documental dirigido por uno de los mejores divulgadores que tenemos, Antonio Martínez Ron @aberron (Fogonazos, Amazings, La Información..) para los especiales de lainformacion.com


Documental dividido en dos partes Cerebros reparados y En busca de la Memoria, de unos 20 minutos cada uno de ellos en os que podemos ver, de forma directa y clara como está actualmente la situación de la investigación española en el ámbito neurocientífico, ya que todo el reportaje, más de 80 horas de grabación, están situados en hospitales y centros de investigación españoles. Un repaso a la visión de investigadores, médicos y pacientes del día a día de las enfermedades del cerebro.

Puedes ver el documental aquí mismo o puedes verlo en mucho mejor calidad en la propia web del proyecto documental, pero de cualquiera de las dos maneras, no te lo pierdas.
  • Cerebros reparados
La primera parte se centra en la enfermedad de Parkinson, un trastorno neurodegenerativo que provoca una incapacidad progresiva. Un prometedor tratamiento para la enfermedad es el implante de electrodos para recuperar la movilidad y eliminar el temblor característico de esta enfermedad. También se mencionan las últimas tecnologías sobre prótesis biónicas y el movimiento de objetos con el pensamiento para mejorar la calidad de vida de personas tetrapléjicas o con miembros amputados. Es quizá la parte más optimista del documental.


  • En busca de la memoria

La segunda parte trata sobre el mal de Alzheimer, otra de las enfermedades neurodegenerativas más extendidas que provoca una pérdida progresiva de la memoria y de otras capacidades mentales, y de las investigaciones para tratar de diagnosticar precozmente la enfermedad y retrasar el deterioro de las capacidades mentales.



Una vez vistos ¿No te parece una auténtica afrenta el recorte en I+D+I en el ámbito científico?

Guión y dirección: Antonio Martínez Ron


Diseño y desarrollo: Quique HerreroAlejandro Navarro

Música: ’Sonate neurobiotique’ (Jérôme Collard-Proulx), ‘I’m coming’ (Samantha de Siena)
 

17 de octubre de 2011

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Cosas todos deberíamos saber sobre los transgénicos

¿Sabías que la insulina es un transgénico? ¿O que el algodón con el que te curas las heridas también es un producto transgénico? La mala fama que tienen los transgénicos, es el resultado de una ardua campaña de descrédito hacia estos basada en una fuerte desinformación de qué son en realidad, como son tratados y que controles pasan.

Echa un vistazo a estos dos videos cortitos, pero claros, respecto a qué son los transgénicos y el por qué de su injusta demonización.




J. M. Mulet (Denia, 1973), es licenciado en Química por la Universidad de Valencia (1996) y doctor en la especialidad de Bioquímica y Biología Molecular (2001). De 2003 a 2006 trabajó en el Biozentrum de la Universidad de Basilea (Suiza). Desde 2008 es profesor de Biotecnología en la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) y dirige el laboratorio de crecimiento celular y estrés abiótico del Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas, centro mixto del CSIC y de la UPV. Ha publicado diversos artículos tanto de investigación en revistas científicas como de divulgación. Es autor del blog Los productos naturales ¡vaya timo! (losproductosnaturales.blogspot.com).



Bonus track:

9 de junio de 2011

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El vidente timador de la Sexta que recomienda un buen homeópata

Esta es una entrada original del estupendo blog Enchufa2. La copio aquí como acto de solidaridad con Iñaki y Almudena, sus autores, que han recibido una amenaza de denuncia por su publicación:


Esta es la transcripción de un fragmento de vídeo visto este miércoles en el Intermedio (vídeo 2, minuto 20’30”). En ella, una mujer (presumiblemente anciana) llama al programa nocturno del vidente Sandro Rey de La Sexta, para preguntar por la salud de su nieta. Se produce entonces la siguiente conversación:
—Hola, buenas noches.
—Hola buenas noches.
—¿En qué le puedo ayudar señora?
—Pues quería saber por la salud de una nieta.
—La salud de su nieta… hombre, aquí lo que más salen son alergias e insuficiencias respiratorias. ¿Cómo se llama usted?
—Yo soy Leo.
—Pues lo que veo más es cansancio físico o psíquico, o sea, “farta” de oxígeno, alguna alergia, algún problema en las vías respiratorias, las fosas nasales, faringe, bronquitis… eso es lo que yo le veo a esta nena. Pero no le veo nada malo, es pasajero, o sea…
—No, no, no… la niña no tiene eso eh, nada de eso.
—Bueno, eso es lo que yo estoy viendo.
—No, no, no, no.
—¿Qué tiene la niña?
—La niña tiene una enfermedad que le llaman Crohn, el Crohn. Y alergia no tiene ninguna.
—Sí… bueno, piense que… pero piense que esa enfermedad le crea una insuficiencia respiratoria. Eso no lo digo yo, lo dicen los doctores de…
—De momento no la tiene.
—Bueno, esa enfermedad, normalmente, los doctores de este país lo saben, crea a medida que va pasando el tiempo una insuficiencia respiratoria y las defensas al estar muy débiles también crean alergias, alergias internas-externas, o sea… Esa es la enfermedad que usted dice que tiene esa nena. Pues muy bien, pero deriva, deriva… o sea, lo que yo digo estoy diciendo es deriva. Y ella, aunque ahora no lo tenga no quiere decir que no lo vaya a tener pero yo, a la nena, lo que sí le recomiendo es que la pongáis en manos de un buen homeópata.

Es decir, que el tipo le diagnostica a la nena alergia, insuficiencias respiratorias, cansancio físico, cansancio psíquico, falta de oxígeno, problemas en las fosas nasales, la faringe, bronquitis… todo ello pasajero. Y cuando la nena resulta tener una enfermedad crónica intestinal este señor insiste en que ha acertado ¡y le recomienda acudir al homeópata! Desde luego, el que no se consuela es porque no quiere. Por no hablar de su total desconocimiento de la enfermedad de Crohn o las alergias (más le vadría tener un buen acceso a Google y dejar de darle vueltas a la dichosa bolita). Quizás su único acierto (pura poesía) haya sido afiliarse tan oportunamente con esos timadores reconocidos. Habría que incluir una advertencia de este tipo en los medicamentos homeopáticos:



Es de chiste y tendría muchísima gracia si no fuese tan real. Hay gente, especialmente la más vulnerable, que confía verdaderamente en estos estafadores. Y lo malo no es que necesiten una palabra de consuelo y alguien se la proporcione. Supongo que alguien que llama a un programa así tiene una pregunta que no sale de su cabeza y sólo desea darle solución de forma positiva (si recibiese una mala noticia, la preocupación no se disiparía y eso lo saben bien los videntes timadores). Lo malo es cuando este consuelo pretende sustituir al consejo oportuno de un experto, suplantar al médico, cuando se atreve a dar diagnósticos y a sugerir tratamientos. Entonces pone en verdadero riesgo la salud de quien confía en él, a veces más que en su propio médico.

¿No se podrían prohibir este tipo de conductas? ¿denunciar al estafador por negligente en casos parecidos? Sería tan sencillo como obligarles a dar una respuesta estándar cuando se trate de temas médicos. Podría incluso estar grabada, una voz en off que resonaría en el plató automáticamente ante la llamada oportuna: “Las autoridades sanitarias advierten que este intrigante no está autorizado a estafarle en temas relacionados con su salud. Si busca consejo, hable con su médico”. A fin de cuentas, no creo que las cajetillas de tabaco sean mucho más perjudiciales que estos señores. 

4 de mayo de 2011

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El valor de la ciencia

Tras la II Guerra Mundial muchos fueron los que señalaron a los científicos que habían participado en la creación de la bomba atómica, y por extensión a la comunidad científica, como unos de los mayores culpables de tantas y tantas muertes. Un gran número fueron los científicos que se preguntaron si la ciencia llevaba algo malo consigo. ¿Qué valor tiene la ciencia a la que se habían consagrado después de ver las cosas tan terribles que podía hacer?

Richard P. Feynman
Esta es la respuesta de Richard P. Feymnan, uno de los integrantes del Proyecto Manhatan en una de sus conferencias en 1962:

De cuando en cuando hay quien me sugiere que los científicos deberían prestar mayor consideración a los problemas sociales; en especial, que tendrían que ser más responsables al considerar el impacto de la ciencia en la sociedad. Parece ser opinión general que si los científicos se tomasen la molestia de prestar atención a estos pro­blemas sociales tan difíciles y no se pasaran tanto tiempo tonteando con problemas científicos menos vitales, se obtendrían grandes éxitos.

Tengo la impresión de que nosotros sí reflexionamos en tales problemas de cuando en cuando, pero que no les dedicamos la totalidad de nuestros esfuerzos, por la razón, entre otras, de que no tenemos ninguna fórmula mágica para resolver problemas sociales, de que los pro­blemas sociales son mucho más difíciles que los cientí­ficos, y de que normalmente no llegamos a nada cuando reflexionamos en ellos.

Estoy convencido de que cuando un científico exami­na problemas no científicos puede ser tan listo o tan tonto como cualquier prójimo, y de que cuando habla de un asunto no científico, puede sonar igual de ingenuo que cualquier persona no impuesta en la materia. Dado que la cuestión del valor de la ciencia no es una cuestión científica, esta charla estará dedicada a demostrar la tesis que acabo de exponer... predicando con el ejemplo.

A todo el mundo le es familiar la primera de las for­mas en que la ciencia es valiosa, a saber, que el conoci­miento científico nos permite hacer toda clase de cosas y construir toda clase de cosas. Evidentemente, si hace­mos cosas buenas, ello no solamente habrá de acreditarse en la cuenta de la ciencia; el mérito será igualmente de la elección moral que nos llevó a hacer obras buenas. El conocimiento científico confiere un poder que nos capa­cita para obrar bien o mal, pero no lleva instrucciones acerca de cómo utilizarlo. Tal poder tiene un valor evi­dente —incluso aunque tal poder pueda ser negado por lo que uno hace con él.

Supe de una forma de expresar este problema humano tan común durante un viaje a Honolulú. En un templo budista de allá, el encargado les explicó a los turistas un poquito de la religión budista, y después acabó su charla afirmando que tenía que decirles algo que no olvidarían jamás —y que yo jamás he olvidado. Era un proverbio de la religión budista:

A cada hombre se le da la llave de las puertas del cielo; esa misma llave abre las puertas del infierno.

¿Qué valor tiene, pues, la llave de las puertas del cie­lo? cierto es que si carecemos de instrucciones claras que nos permitan determinar cuál es la puerta que da al cielo, y cuál al infierno, la llave puede ser un objeto peligroso de utilizar.

Pero es evidente que la llave tiene un valor: ¿cómo podremos entrar en el cielo si carecemos de ella?

Las instrucciones de uso carecerían de valor si no po­seemos la llave. Es evidente, pues, que a pesar de que puede producir enormes horrores en el .mundo, la cien­cia tiene valor, porque puede producir algo.

Otro de los valores de la ciencia es el disfrute —el llamado gozo intelectual— que algunas personas sienten al leer y reflexionar en ella, o que experimentan al tra­bajar en ella. Es éste un aspecto importante, un aspecto, que no es suficientemente considerado por quienes nos dicen que es responsabilidad nuestra reflexionar sobre el impacto de la ciencia en la sociedad.

¿Tiene este disfrute personal algún valor para la socie­dad en su conjunto? ¡No! Pero es también una respon­sabilidad considerar el papel de la sociedad propiamente dicha. ¿Será este papel organizar las cosas de modo que los individuos puedan disfrutar de ellas? En tal caso, gozar de la ciencia es tan importante como cualquier otra cosa.

No quisiera, empero, subestimar el valor de la con­cepción del mundo resultante del esfuerzo científico. He­mos sido llevados a imaginar toda suerte de cosas infi­nitamente más maravillosas que las visiones de los poetas y soñadores del pasado. Muestra que la imaginación de la naturaleza es mucho, muchísimo mayor que la imagi­nación del hombre. Por ejemplo, ¡cuánto más notable es que todos nos hallemos sujetos —la mitad de nosotros, cabeza abajo— por una misteriosa atracción a una bola que gira sobre sí misma; a una bola que ha estado ro­dando por el espacio durante miles de millones de años, que la metáfora de que somos llevados a lomos de un elefante sostenido por una tortuga que nada en un mar sin fondo!

Han sido tantas las veces que he pensado estas cosas en solitario, que confío en ser disculpado si les recuerdo este tipo de pensamiento, que estoy seguro que tantos de ustedes han tenido, más que nadie podría haber teni­do en el pasado, porque no se tenía entonces la infor­mación que hoy tenemos sobre el mundo.

La misma emoción, el mismo respetuoso temor, el mis­mo misterio vuelve a aparecer una y otra vez cuando miramos algo con suficiente profundidad. Y con el ma­yor conocimiento llega un misterio más profundo y ma­ravilloso, que nos incita a penetrar en él más hondamen­te todavía. Sin sentir jamás el temor de que la respuesta puede resultar decepcionante, con placer y confianza da­mos la vuelta a cada nueva piedra que nos encontramos, descubriendo lo inimaginadamente extraño, que conduce a más maravillosas cuestiones y misterios -- ¡una gran aventura, ciertamente!

Es cierto que son pocas las personas no científicas que experimentan este tipo particular de experiencia religio­sa. Nuestros poetas no escriben sobre ella; nuestros pin­tores no tratan de plasmar esta cosa tan notable. No sé por qué. ¿Acaso a ninguno inspirará la imagen que del universo hoy tenemos? Este valor de la ciencia sigue sin ser cantado por los poetas; uno se ve reducido no a escuchar una canción o un poema, sino una lección ves­pertina sobre ella. Todavía no es la nuestra una edad científica.

Tal vez una de las razones de este silencio sea que es preciso saber leer su música. Por ejemplo, el artículo científico puede decir, «El contenido de fósforo radiac­tivo del cerebro de la rata decrece a la mitad en un pe­riodo de dos semanas». Ahora bien, ¿qué significa tal cosa?

Significa que el fósforo que hay en el cerebro de la rata —y también en mi cerebro, y en el suyo— no es el mismo fósforo que había en él hace dos semanas. Significa que los átomos del cerebro están siendo reemplaza­dos: los que antes se encontraban allí se han ido.

Observar que eso que yo llamo mi individualidad es tan sólo una configuración, una danza; eso es lo que lo significa el descubrimiento de lo que tardan los átomos del cerebro en ser reemplazados por otros átomos. Los átomos llegan a mi cerebro, danzan en él su danza y después se van —hay siempre nuevos átomos, pero dan­zan siempre la misma danza, recordando cómo era la danza de ayer.

Cuando leemos algo sobre este asunto en el periódico, dice: «Los científicos afirman que este descubrimiento puede ser un hito importante en la curación del cáncer.» Al periódico tan sólo le interesa la utilidad de la idea, no la idea en sí misma. A duras penas puede nadie com­prender la importancia de una idea, tan notable es. Salvo que, posiblemente, algunos niños puedan captarla. Y cuando un niño capta una idea como ésa, tenemos un científico. Ya es para ellos demasiado tarde captar ese espíritu cuando se encuentran en nuestras universidades; debemos pues explicar estas ideas a los niños.

Quisiera dirigir ahora mi atención a un tercer valor que tiene la ciencia. Es un poco menos directo, pero no mucho. El científico tiene una amplísima experiencia de ignorancia, de duda, de incertidumbre, y en mi opinión, tal experiencia de ignorancia, de duda, de incertidumbre, y en mi opinión, tal experiencia es de la mayor impor­tancia. Cuando un científico desconoce la solución de un problema, es ignorante. Cuando tiene una corazonada sobre cuál va a ser el resultado, siente incertidumbre. Y aún cuando esté francamente seguro de cuál va a ser el resultado, todavía le queda alguna duda. Hemos descu­bierto que para poder progresar es de fundamental im­portancia saber reconocer nuestra ignorancia y dejar lu­gar a la duda. El conocimiento científico es un cuerpo de enunciados que tiene diversos grados de certidumbre. Algunos son sumamente inseguros, algunos casi seguros, pero ninguno es absolutamente cierto.

Ahora bien, nosotros los científicos estamos habitua­dos a ello, y damos por hecho que es perfectamente con­sistente tener inseguridad, que es posible vivir y no sa­ber. Aunque no sé si todos se dan cuenta de que esto que digo es cierto. Nuestra libertad de dudar nació de una lucha contra la autoridad en los primeros tiempos de la ciencia. Fue una lucha muy profunda y vigorosa: se nos ha permitido cuestionar, dudar, no estar seguros. Me parece importante que no olvidemos esta lucha y perder quizás lo que hemos ganado. He aquí una res­ponsabilidad social.

Nos entristecemos cuando pensamos en las maravillo­sas potencialidades que los seres humanos parecen tener y las contrastamos con lo diminuto de sus logros. Una y otra vez se ha pensado que podríamos hacerlo mucho mejor. Quienes vivieron tiempos pasados vieron en la pesadilla de sus tiempos un sueño para el futuro. Noso­tros, que estamos en su futuro, vemos que sus sueños, rebasados en ciertos aspectos, siguen siendo sueños en muchísimos otros. Las esperanzas para el futuro siguen siendo hoy, en buena parte, las mismas de ayer.

Se pensó en cierta ocasión que las posibilidades que tenían las personas no se habían desarrollado debido a la ignorancia. Con educación universal, ¿podrían todos los hombres ser Voltaire? Lo malo puede ser enseñado por lo menos tan eficientemente como lo bueno. La en­señanza es una fuerza muy poderosa, pero lo es tanto para lo bueno como para lo malo.

La comunicación entre las naciones habría de facilitar su entendimiento —así rezaba otro sueño. Pero las má­quinas de comunicación pueden ser manipuladas. Lo que se comunica puede ser verdad o mentira. La comunica­ción es una fuerza poderosa, pero tanto lo es para lo bueno como para lo malo.

Las ciencias aplicadas deberían liberar al hombre de los problemas materiales, cuando menos. La medicina controla la enfermedad. Y aquí el registro parece ser en­teramente para lo bueno. Empero, no faltan quienes tra­bajan pacientemente para crear grandes plagas y vene­nos, a utilizar en la guerra de la mañana.

A casi nadie le gusta la guerra. Nuestro sueño de hoy es la paz. En la paz es donde el hombre puede desarrollar mejor las enormes potencialidades que al parecer tiene. Pero tal vez los hombres del futuro encuentren que tam­bién la paz puede ser buena y mala. Tal vez los hombres pacíficos se entreguen a la bebida, por aburrimiento. Tal vez entonces la bebida se convierta en el gran problema que parezca impedir al hombre lograr de sus facultades tanto como éste cree que debería.

Como es obvio, la paz es una gran fuerza, como lo son la sobriedad, el poder material, la comunicación, la educación, la honestidad y los ideales de muchos soña­dores. Tenemos más de esas fuerzas a controlar que los antiguos. Y tal vez estemos haciéndolo un poco mejor de lo que la mayoría de ellos podían. Pero lo que debe­ríamos poder hacer se nos antoja gigantesco en compa­ración con lo confuso de nuestros logros.

¿Por qué es esto? ¿Por qué no podemos conquistarnos a nosotros mismos?

Porque nos encontramos con que incluso las grandes fuerzas y facultades no parecen ir provistas de instrucciones claras sobre cómo utilizarlas. Por ejemplo, la gran comprensión acumulada en lo atinente al mundo físico solamente nos convence de que tal conducta parece tener una especie de sinsentido. Las ciencias no enseñan direc­tamente lo bueno y lo malo.

A través de todas las edades pasadas, la humanidad ha tratado de sondear el significado de la vida. Ha com­prendido que de poder conferir a nuestras acciones al­guna dirección o significado, se desencadenarían grandes fuerzas humanas. Y en consecuencia, muchísimas han sido las respuestas que se han dado al problema del sig­nificado de todo. Pero las respuestas han sido de toda clase de suertes, y los proponentes de una respuesta han contemplado con horror las acciones de los creyentes en otras; con horror, porque a resultas de una discordancia en el punto de vista todas las grandes potencialidades de la raza quedan canalizadas y confinadas en un callejón falso y sin salida. De hecho, ha sido a partir de la his­toria de las enormes monstruosidades creadas por las falsas creencias como los filósofos han comprendido las infinitas y maravillosas capacidades de los humanos. El sueño consiste ahora en descubrir el canal abierto.

¿Cuál es, entonces, el significado de todo ello? ¿Qué podemos decir para desvelar el misterio de la existencia?

Si tomamos todo en cuenta —no solamente lo que sabían los antiguos, sino todo lo que hoy sabemos que no conocían— me parece entonces que hemos de admitir francamente que no lo sabemos.

Pero hacer tal admisión, probablemente hayamos en­contrado el canal abierto.

No es ésta una idea nueva; ésta es la idea de la era de la razón. Tal era la idea que guió a los hombres que crearon la democracia bajo la que hoy vivimos. La idea de que nadie sabía verdaderamente cómo se dirige un gobierno condujo a la idea de que se debería establecer un sistema mediante el cual las ideas nuevas pudieran ser desarrolladas, ensayadas y arrojadas por la borda en caso necesario; un sistema que permitiera introducir todavía más ideas nuevas; un sistema, en definitiva, basado en tanteos, en el ensayo y el error. Tal método sobrevino a resultas de que a fines del siglo XVIII la ciencia estaba empezando ya a mostrar que era empresa venturosa. In­cluso en aquella época, a quienes reflexionaban en los fenómenos sociales le resultaba obvio que la apertura de posibilidades era una oportunidad que la duda y la dis­cusión eran esenciales para progresar y penetrar en lo desconocido. Si queremos resolver un problema jamás resuelto anteriormente, tenemos que dejar entreabierta la puerta a lo desconocido.

Nos encontramos en los comienzos mismos de la era de la raza humana. No es irrazonable que tengamos o que tropecemos con problemas. Pero hay decenas de mi­les de años en el futuro. Es responsabilidad nuestra hacer lo que podamos, aprender lo que podamos, mejorar las soluciones, y transmitirlas a nuestros sucesores. Es res­ponsabilidad nuestra dejar las manos libres a las gentes futuras. Hallándonos como estamos en la impetuosa juventud de la Humanidad, podemos cometer graves erro­res que paralicen nuestro crecimiento durante largo tiem­po. Y así sucederá si afirmamos tener ya las respuestas, cuando tan grande es nuestra juventud y nuestra igno­rancia. Si suprimimos toda discusión, toda crítica, pro­clamando, «¡He aquí la respuesta, amigos míos; el Hom­bre está salvado!» condenaremos durante largo tiempo a la Humanidad, la encadenaremos a la autoridad, la con­finaremos a los límites de nuestra imaginación presente. Ya se ha hecho antes muchas veces.

Es responsabilidad nuestra como científicos, sabedores del gran progreso que emana de una satisfactoria filoso­fía de la ignorancia, del gran progreso que es fruto de la libertad de pensamiento, proclamar el valor de esta li­bertad; enseñar que la duda no ha de ser temida, sino bienvenida y discutida, y exigir esta libertad como deber nuestro hacia todas las generaciones venideras



Extracto de ¿Qué te importa lo que otras personas piensen?
Aventuras adicionales de un carácter curioso.
por Richard P. FEYNMAN. Contado a Ralph Leighton.
New York: Norton & Company, 1988.
Epílogo.- pp. 239 - 248
Traducción: Consuelo Gómez Moreno

31 de mayo de 2010

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La cabeza de Haydn: 145 años separada de su cuerpo

Hoy, 31 de mayo, se cumplen 202 años de la muerte de uno de los más grandes genios de la música clásica universal Franz Joseph Haydn, quien justo con Mozart (de quién fue buen amigo) y Beethoven (de quién fue maestro) forman el trío más representativo del clasicismo musical. Haydn nació en la localidad de Rohrau en la actual Austria. Heredó la vocación musical de su padre Matthias, aficionado arpista. Pasó gran parte de su vida como música de cabecera de una poderosa familia real húngara.
Retrato de Haydn en sus últimos años
A Haydn se le consideró en vida un gran revolucionario en la música clásica, hasta su muerte en el 31 de mayo de 1809. A partir de esta fecha a su cráneo le sucedieron cosas realmente curiosas. Inicialmente fue enterrado en el cementerio de Hundstaurm, pero poco después, el administrador de la cárcel, Joahnn Peter, y el secretario del príncipe Esterházy, Carl Rosenbaum sobornando al enterrador lograron exhumar el cadáver para extraerle la cabeza. Estos dos hombres y y muchos de sus colegas seguían al pie de la letra los principios de la doctrina del cráneo (frenología), que dice que todas las habilidades y sentidos, y en concreto el  sentido de la música, de la armonía, reside en la forma del cráneo, por lo que pensaron que en su cabeza podrían encontrar los secretos de una mente tan lúcida para la composición musical.
Estudio frenológico
En 1820 y después de haber realizado varios estudios ya con el cráneo de Haydn sin él saberlo, el príncipe Esterházy, mandó trasladar los restos del compositor a otro cementerio, momento en el que se dieron cuenta atónitos que faltaba el cráneo. Los primeros acusados de tal robo fueron Rosenbaum y Peter, quienes devolvieron un cráneo, pero tras los estudios pertinentes, se descubrió que no era el original. De esta manera, los restos del cuerpo, junto con los de una cabeza que no correspondía fueron trasladados al cementerio de Eisenstadt, donde tomaron sepultura.
Tras la muerte de Rosenbaum en 1828, la cabeza pasó a manos de Peter, quién dejó escrito en su testamento que esta se donara a la Sociedad de Amigos de la Música de Viena. Pero tras la muerte de este último no cesaron los viajes de la cabeza de Haydn, ya que tras la entrega de la viuda de Peter al doctor Halle, uno de los miembros de esta sociedad, este se la vendió al profesor de anatomía patológica Carl Von Rokitansky, quién trabajaba en el Instituto de Anatomía de Viena. Una vez fallecido este doctor, y reclamada la cabeza por parte del instituto anatómico, esta pasó otra vez a manos de la Sociedad de Amigos de la Música de Viena, ya que los descendientes de Rokitansky, prefirieron devovérsela a sus anteriores dueños. En esta centenaria sociedad estuvo hasta 1954, fecha desde la que reposan, tras 145 años separada junto al resto del cuerpo de Haydn en el mausoleo que se construyó expresamente para este genial compositor. 
Mausoleo de Haydn
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29 de abril de 2010

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Definicion de homeopata 1911


  • Homeópata, s. Humorista de la medicina.

  • Homeopatía, s. Escuela de medicina que está a mitad de camino entre la alopatía y la Ciencia Cristiana. Esta última es muy superior a todas las otras, pues puede curar enfermedades imaginarias, cosa que resulta imposible a las demás. 

Ambrose Bierce, El diccionario del diablo, 1911

 

23 de marzo de 2010

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El timo de los neutralizadores de radiaciones

El viernes pasado al parar en una gasolinera para dejar mi sueldo, digo para llenar el depósito, en el mostrador al pagar con tarjeta me fijé por casualidad en el anuncio de un aparatito que tenían en primera linea de caja. Grandes colores rosas y verdes fosforitos hacían difícil no interesarse en él. Se trata de un pequeño circuito integrado envuelto en unos plásticos muy llamativos. Su denominación es geoQi.tel y el eslogan: NEUTRALIZADOR DE RADIACIONES DE TELÉFONO MÓVIL E INALÁMBRICOS. Uno que de normal es curioso y por deformación profesional telecomunicadora algo de radiaciones sabe, no pude resistirme a llevarme el panfleto de publicidad para verlo en detalle. El precio solo 15€
Lo primero que llama la atención es la contundencia con que afirman la neutralización de las radiaciones con un simple circuito integrado. Después de mis varios años de teleco, la absorción (único método de neutralización de energía electromagnética) solo puede deberse a tres efectos:
  1. Absorción atómica
  2. Absorción molecular
  3. Absorción inducida por un campo magnético
Los tres tipos de absorción según la teoría cuántica se basa en que las partículas tienen un número limitado de energías discretas (niveles cuánticos).  Por lo que la absorción de energía solo se va a producir cuando le suministremos energías concretas, es decir, cuando le incidamos con una radiación de frecuencia adecuada. Es decir solo si este aparato radia en determinadas frecuencias puede absorber las ondas electromagnéticas de los teléfonos móviles e inalámbricos. 
Pero mejor ver las supuestas cualidades que destacan en su prospecto para ver en que basan su afirmación de neutralización de las ondas y campos electromagnéticos.
Vemos que basan sus maravillosas propiedades en impregnaciones minerales, en especial de la obsidiana. Pues vayamos a ver que es la obsidiana. Según Wikipedia:
La obsidiana, llamada a veces vidrio volcánico, es una roca ígnea volcánica perteneciente al grupo de los silicatos, con una composición química de silicatos alumínicos y un gran porcentaje (70% o mayor) de óxidos sílicos. Su composición es parecida al granito y la riolita. La obsidiana, aunque lo parezca, no es un mineral, porque no es cristalina. A menudo se le clasifica como un mineraloide. Su dureza en la escala de Mohs es de 5 a 5,5. Su peso específico es de 2,6. La superficie de rotura es concoidea, es decir, curva.
Su color es negro, aunque puede variar según la composición de las impurezas del verde muy oscuro al claro, al rojizo y estar veteada en blanco, negro y rojo. El hierro y el magnesio la colorean de verde oscuro a marrón oscuro. Tiene la cualidad de cambiar su color según la manera de cortarse. Si se le corta paralelamente su color es negro, pero cortada perpendicularmente su color es gris.
Osea que no es ni siquiera un mineral, es un mineraloide. En la misma página se puede ver sus aplicaciones y en ningún caso cita la de absorción de ondas electromagnéticas del espectro de la telefonía móvil o inalámbrica. Pero sigamos buscando no sea que en wikipedia no estén las aplicaciones relacionadas con esta absorción. Una rápida búsqueda en google por el término obsidiana nos da los siguientes resultados:
Sanación, tratamiento de depresiones, curanderismo...esto empieza a oler a magufada mucho. He buscado en muchísimos sitios específicos de física más y no encuentro ninguna referencia sobre las excepcionales cualidades de la obsidiana en la absorción, más allá de la que pueda tener una piedra de granito encontrada en la calle. Sigamos con su prospecto.
Aquí se podría reavivar el enorme debate sobre la nocividad de las ondas electromagnéticas, con infinidad de estudios confirmando y desmintiendo esta supuesta nocividad. Lo que chirría en este prospecto es la denominación de ondas electromagnéticas de baja frecuencia a la banda de trabajo de la telefonía móvil. Los móviles trabajan en la banda UHF del espectro electromagnético es decir en Ultra High Frequencies, es decir, frecuencias ultra altas, concretamente abarcan de 300 a 3000 MHz. Los creadores  de esto ni se ha preocupado por documentarse donde trabaja lo que supuestamente tienen que neutralizar.
Esta parte ya si que no se por donde cogerla "para influir en el Campo energético humano y en su relación natural con el campo magnético terrestre" Está caro que hay una relación entre nuestro campo magnético y el terrestre, pero, ¿donde explican en que se basa la influencia de ese equipo?, por ninguna parte. Palabrería barata que no dice nada. "Generando un Espacio de transición que protege de los efectos más desfavorables de la telefonía móvil." Sin  palabras; si alguien sabe que es el espacio de transición ese, que por favor nos lo explique.
El conjunto de pruebas a las que se ha sometido el dispositivo neutralizador geoQi.tel señalan una clara minimización de los efectos nocivos para el cerebro, el sistema inmune y la garganta.
Este gráfico que acompaña la parte posterior del prospecto, muy bonito eso si, intenta demostrar mediante las técnicas GDV. Como geoQi.tel neutraliza las ondas. A simple vista se puede ver el efecto que tiene, y otra vez nos vuelven a poner imágenes que parecen transmitir mucho, pero sin ninguna explicación que lo certifique mas allá de palabrería y más palabrería.
Este desglose a continuación es el detalle del papel que acompaña en el mostrador a este maravillosísimo equipo. En la web oficial de este equipo  podemos encontrar más explicaciones sin nada que demostrar en los efectos de este equipo con perlas como las siguientes:
Es posible que los efectos ferromagnéticos de la obsidiana jueguen un papel activador de las capacidades defensivas del organismo.
Es posible... Nos activa las capacidades defensivas del organismo tanto como llevar una piedra en el bolsillo.
La oreja es una zona refleja, un holograma, que contiene conexiones con todo el campo energético humano, y es donde se sostiene el teléfono y donde hay una proximidad mayor del Circuito geoQi.tel
Mi oreja está conectada con todo el campo energético del cuerpo ya que es un holograma (muy de moda con las famosas pulseritas); está bien saberlo.
A través de la acción del Circuito, por su diseño espacial, la afectación que provoca el teléfono móvil, esta obligada a:
- Interactuar bajo nuevas matrices que la modifican y la transforman, usando la propia flexibilidad del campo energético humano para ello.
- Derivar parte del exceso hacia el campo energético terrestre, a través de las emanaciones de las redes telúricas (Efecto de drenaje)
Mi campo magnético es flexible y mi que me cuesta atarme los cordones. No se  como le dieron el Nobel a Feynman por sus estudios en el electromagnetismo cuando estos han descubierto los campos eléctricos flexibles. Sin palabras.
Tampoco está mal echar un vistazo a las redes telúricas a las que hacen referencia. Sin palabras otra vez.
Hemos realizados estudios basados en:
- Sistemas de diagnóstico de medición de distintos parámetros del campo energético humano: en concreto mediante la electroacupuntura (MORA) y la tecnología GDV de emisión de fotones
- y también, mediante pruebas de sensibilidad personal con Radiestesia y Kinesiología.
Unos estudios y ciencias totalmente fiables, si lo dicen los kinesólogos... Otra vez vuelven a hablar de estudios sin poner donde, como, cuando, en que condiciones se han hecho. Habla por si mismo.
Podemos encontrar en la web una carta del director de comercialización en España de este producto Christophe ( así, sin apellidos ni nada) que nos vende cual producto homeopático de teletienda nocturna las bondades de este equipo, de las que destaco algunas perlas, y no las comento porque se comentan ellas solas.
Está basado en principios muy antiguos que tienen que ver con una la ‘acupuntura de la tierra’, de la cual he seguido demostraciones, pero utilizando tecnologías modernas y descubrimientos de los últimos años para vincular esta información con losmeridianos humanos
Sobre el término utilizado, el propuesto por sus desarrolladores es de neutralizador. Yo prefiero el de ‘regulador’, ya que lo que se procura neutralizar es el efecto nocivo sobre el organismo, Bloquear o eliminar o neutralizar ondas electromagnéticas no es algo factible en sí (salvo encerrarse en lo que se llama una caja de Farraday, como lo son algunos asensores – por eso no hay cobertura), y por eso es difícil protegerse de estas ondas
¿Farraday?
Otro síntoma es la calidad del sueño, pero en este aspecto he introducido también cambios con un emisor wifi que tenía en mi despacho, y una protección global de la vivienda contra ondas electromagnéticas y geológicas, hace una año, por lo que no es fácil distinguir el efecto de cada factor.
También tiene equipos para neutralizar las ondas geológicas. Los habitantes de Chile y de Haití, hubiesen estado encantados de que se lo prestase....
El conjunto de pruebas a las que se ha sometido el dispositivo neutralizador geoQiTel señalan una clara minimización de los efectos nocivos para el cerebro, el sistema inmune y la garganta. Por motivos legales no se puede hablar del 100 %, pero la minimización es muy importante. En lo referente al seguimiento de los efectos neutralizadores de geoQiTel se están realizando seguimientos a medio y largo plazo.
Cuando alguien sufre de estos síntomas ( dolor de cabeza, de garganta..) y que se deben al móvil, el neutralizador los suele corregir inmediatamente, y el resultado inmediato es una mayor vitalidad,
Hemos hecho algunos sondeos y probado con un grupo reducido de clientes, y casi todo el mundo ha optado por adquirirlo, para sí y para el resto de su familia. Habíamos dado poca información al principio, porque entender los principios del funcionamiento no nos parecía obvio, pero resulta que ha habido mucho interés en este aspecto, así como en las pruebas hechas, por lo que hemos completado mucho la información que os damos hoy. Mucha gente ofrecerá también el geoQiTel como regalo, es un bonito regalo de salud.
Si alguien quiere, vendo las siguientes piedras de granito por 10€, mucho más barato, donde va a parar. Y además de flexbilizar las ondas electromagnéticas, hace la cama. Un chollo vamos. 

23 de junio de 2009

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El efecto Barnum o efecto Forer

Seguramente todos alguna vez nos hayamos sentido identificados por lo que dice de nosotros el horóscopo ¿verdad?, parece que muchas veces atina completamente ¿Funcionará o no funcionará? ¿se pueden hacer predicciones de la vida con ello de verdad?


Yo no tengo ni idea de como responder a esa pregunta, pero lo que sí que se puede dar es una explicación alternativa, que al menos a mí, me convence mucho más por sus bases. A veces es cierto que puede parecer que el horóscopo “acierta”. Pero quizás sea que acierta por otro motivo. Por el efecto Barnum.


¿Y Qué es el efecto Barnum? Cuando leemos ciertas frases detallando aspectos de la personalidad que son comunes a todo tipo de persona, es más que probable que los tomemos como propios. Así, estas frases causan en mucha gente un efecto de asumirlas como propias con mucha facilidad y dan la apariencia de que quién las dijo pareciese que nos conocía perfectamente al hablar de nosotros. Esto es el efecto Barnum.


Estoy seguro que cualquiera de nosotros podría hacer esto, con un poco de imaginación.

Y es que la astrología no tiene la exclusiva a la hora de dar explicaciones alternativas a las que ofertan los que sacan diner al aplicar estos métodos pseudo-científicos. El mismo autor anterior nos muestra en el siguiente video como algunos de los fenómenos de moda en nuestros días como el poder de la mente de algunas personas, pueden encontrar explicación en la prestidigitación o el ilusionismo.




A las personas que, por ejemplo, echan las cartas, poca gente de los que van les dice abiertamente que se equivoca, que están errando. Y a los que lo dicen, rápidamente es porque “tienen manía a estas cosas”. Pero la gran mayoría, los que están predispuestos a creerlo y van a que les echen las cartas o leen con asiduidad cartas astrales u horóscopos, no suelen decirle al que las echa que se ha equivocado. Reflexionan, y esas todas esas verdades, obviedades aplicables a un montón de cosas de su vida y de cualquier vida, les buscan una correspondencia. Se busca una relación entre lo que les acaban de decir y algo que encaje de lo que hay en su vida.

Siempre es fácil encontrar algo. Y si no se haya ( o con todas las cosas que no coinciden para nada con nuestra forma de ser, con nuestra vida) bueno…un fallo lo tiene cualquiera. Pero la mayoría de las afirmaciones seguro que encuentran algo con lo que poder relacionarlo. Y como la persona que echa las cartas dé con algo clave, con ese algo que nos preocupa, que rápidamente se descubre en la cara (lectura fría, de lo que quiero hablar en otro post dentro de no mucho), puede que el cliente se emocione. Al final la sensación para
el que echa las cartas puede ser la de que su método “funciona de verdad” sin que esto sea realmente así.



Al final
tanto cliente (como lector de horóscopos), como la persona que administra y hace uso de ese método no científico, pseudo-científico, pueden ser engañadas y se están engañando así mismas. La ciencia también se equivoca, claro que sí, pero a través del experimento, de la experiencia, se consigue un conocimiento más objetivo y se pueden evitar muchas de estas historias para no dormir.

¿Qué nos parece más probable? ¿Qué lo que pone en los horóscopos sea cierto, y justo ese día unos 3 millones y pico de Aries nacidos en todo el mundo por ejemplo en España les pase justo lo que pone en el horóscopo, y además con una predicción hecha en base la posición de los planetas (o lo que sea); o que asumamos como propias esas afirmaciones como muestra el video?

Fuentes: Wikipedia
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2 de junio de 2009

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El experimento Rosenhan

El otro día viendo este capítulo de los Simpsons que hemos visto todos mil veces, recordé el experimento Rosenhan que he leido hace poco en un libro y que lógicamente me remitó también a la magnífica, "Alguien voló sobre el nido del cuco"

Un día, en 1972, al doctor Rosenhan decidió poner en marcha su experimento.

Convocó a ocho de sus amigos, y les pidió que le prestasen para su experimiento un mes de sus vidas. Una vez explicado lo que se proponía llevar a cabo todos ellos decidieron ayudarlo, y estar a su disposicion un mes. La primera semana del experimimento fue dedicada a desaliñar a todos sus amigos; ninguno se afeitó, depiló, duchó...etc. La segunda todos se vistieron con ropa muy usada, vieja o ajada. y se dirigieron, cada uno de ellos por separado haica un hospital psiquiátrico diferente con servicio de urgencias. Cada uno de ellos totalmente diferente a los demás, públicos, privados, religiosos, laico, lujosos, de barrio...., repartidos a lo largo de EE.UU.

Cuando fueron atendidos solo debían mentir en su nombre y en su residencia. El resto de datos que proporcionaron eran todos y cada uno de ellos verídicos. Por fin, en todos los casos, en todos los hospitales, el médico les hacía la pregunta crucial.

    -¿Por qué está usted aquí, señor?

    -Oigo voces -respondían todos.

    -¿Voces? ¿Y qué dicen?-

    -¡Zas! -respondieron todos.

Rosenhan estaba convencido de que la psiquiatría arrastraba graves problemas . Durante aquellos años, hablar de psiquiatría era casi sinónimo de hablar de psicoanálisis. Y éste tiene más de filosofía -siendo amables- que de ciencia. Licenciado en psicología y en derecho, Rosenhan se dispuso a preparar un experimento con el que averiguar la fiabilidad de los diagnósticos psiquiátricos: infiltrar un grupo de falsos pacientes. Las instrucciones que dio a sus amigos fueron bien simples. Solo debían mencionar las voces imaginarias en el momento de su ingreso. Inmediatamente después de ingresar, aquellos que ingresaran, debían decir que ya estaban bien. Lo único que tuvieron que ensayar antes del experimento era como esconder pastillas bajo la lengua.

Todos tras las pruebas compartían diagnóstico entre dos enfermedades: esquizofrenia paranoide y psicosis maniacodepresiva. Todos ellos fueron internados. Los psiquiatras explicaron su locura en base a las experiencias personales de cada uno de ellos. En todos los casos, para los médicos que diagnosticaron a los falsos pacientes, sus problemas eran consecuencia de sus experiencias personales. Un único y absurdo síntoma, ¡Zas!, era explicado igual en un grupo de pacientes completamente diferentes.

Una vez ingresados todos los participantes en el experimento se comportaron de forma completamente normal. Dijeron a los médicos que ya estaban bien. Que ya no escuchaban las voces. Eran educados, comían y, en teoría, tomaban su medicación, un montón de pastillas que ocultaban bajo la lengua y luego escupían en el váter. Sin embargo todos permanecieron ingresados una media de 19 días, 7 días el que menos y 52 el que más. Todos fueron dados de alta por “una buena reacción al tratamiento y una remisión de los síntomas


En 1973 Rosenhan publicó un artículo en la revista Science sacando a la luz su experimento y dejando a la psiquiatría en el lugar que imaginamos. Se títulaba “On Being Sane in Insane Places(Estar cuerdo en sitios de locos) y con él, Rosenhan se ganó el desprecio de multitud de psiquiatras.

Un hospital negó la validez científica del experimento y aseguró la completa eficiencia de su servicio de urgencias. Lanzaron un reto a Rosenhan: durante los tres meses siguientes debía enviar uno o más pacientes falsos al hospital y éste se comprometía a detectarlos con facilidad. Sus psiquiatras no erraban en los diagnósticos. Rosenhan recogió el guante. Los resultados no pudieron ser más favorables para el hospital ya que sus psiquiatras detectaron con suma facilidad y sin género de duda a 41 impostores. Sin embargo, Rosenhan no había mandado a nadie... Habría sido interesante contemplar las caras de los psiquiatras cuando conocieron esto, así como saber que fue de los pacientes que, con algún problema grave (alguno habría entre los 41), fueron enviados a casa acusados de farsantes....


Este estudio ha sido desde entonces repetido varias veces con similares conclusiones


Y como me gusta poner algun acanción en las entradas, dejaremos una de Michael Jackson:



Fuentes:

Estudio completo en PDF

Aqui

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