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3 de abril de 2013

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Antes de reciclar, enviar donde sea necesario


Historia de un economista es la historia de Peter Griffins, quien durante cuatro meses trabajó para el Banco Mundial en Sierra Leona. Libro extremadamente interesante, al menos lo que llevo leido, que es más de la mitad. Podría hacer una reseña de casi cada capítulo, por las revelaciones que hay para un occidental como yo, sobre el día a día en uno de los paises más pobres del mundo. Sierra Leona.

El siguiente fragmento, me ha llamado poderosamente la atención, ya que es un aspecto en el que nunca había pensado pudiese influir con tanta importancia en la erradicación del analfabetismo mundial:

Al mirar a estos niños dirigiéndose a la escuela, me pregunto si su educación les hará algún bien o no. Se denuncia que alguien que ha completado la educación primaria será funcionalmente analfabeto en tres años, a no ser que obtenga un trabajo que exija leer y escribir. No abundan este tipo de trabajos y aunque en teoría abundaran, nuestro Ministerio no puede permitirse comprar papel, así que no se escribe. Ni siquiera pueden evitar volver al analfabetismo leyendo mucho. En los países pobres, y Sierra Leona es muy pobre, no hay nada disponible para leer en forma de libros, revistas o periódicos. Hay unos cuantos pequeños diarios en la capital, y las mecanógrafas siempre parecen estar leyendo las novelas románticas de Milis & Boon de décima mano, pero así es. 


Nadie aquí puede aprender a leer y escribir corno yo lo hice (mediante la lectura voraz de cómics, libros infantiles, después novelas de misterio, historias de detectives, ciencia-ficción, etc.. más que por lo que aprendí en la escuela). Incluso los universitarios licenciados de aquí han leído pocas cosas que no estuvieran en su programa de estudios, pues los libros no están disponibles. Me gustaría ver a Gran Bretaña enviando todos los libros de segunda mano, restos de ediciones, incluso revistas no vendidas, al Tercer Mundo. No tendrían por que ser libros educativos, simplemente algo que la gente pueda disfrutar leyendo. Es asombroso que los jóvenes profesionales que nos encontramos sean risueños y estén entregados a su trabajo. Creen que son diferentes, incluso aunque no tengan mucho material ni medios para realizar sus trabajos. Un hombre joven no parecía tan contento. Había crecido en Freetown y fue allí a la universidad. Sus estudios fueron brillantes. Después hincas doctorado en Cambridge, y pensó que el único límite era el cielo. Ahora ha sido arrojado al olvido como trabajador en un proyecto sin prácticamente salario. Tiene que desempeñar un trabajo en el que no necesita ninguna de las capacidades que le ha costado esfuerzo aprender, y no recibe ningún respeto ni reconocimiento puras formación. Ni siquiera puede obtener suficientes medios para realizar su trabajo rutinario adecuadamente. Estaba bastante alterado mientras me contaba todo esto, y creo que está cerca de una crisis nerviosa. ¡Qué pérdida! 

A la vista de lo necesario que es llevar documentos impresos a los lugares donde realmente son necesarios, me surge la pregunta con la que titulo el artículo, ¿No se debería mandar la mayor parte de revistas, comics, libros.. etc que hay en los contenedores de papel reciclado a estos paises en fase de erradicación del analfabetismo ? 



The Economist's Tale: A Consultant Encounters Hunger and the World Bank, Peter Griffins. 2004

1 de junio de 2012

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Vuelta a 1984

Extracto de la novela 1984, escrita por George Orwell entre 1947 y 1948. ¿Te suena de algo?

...Pero también resultó claro que un aumento de bienestar tan extraordinario amenazaba con la destrucción era ya, en sí mismo, la destrucción de una sociedad jerárquica. En un mundo en que todos trabajaran pocas horas, tuvieran bastante que comer, vivieran en casas cómodas e higiénicas, con cuarto de baño, calefacción y refrigeración, y poseyera cada uno un auto o quizás un aeroplano, habría desaparecido la forma más obvia e hiriente de desigualdad. Si la riqueza llegaba a generalizarse, no serviría para distinguir a nadie. Sin duda, era posible imaginarse una sociedad en que la riqueza, en el sentido de posesiones y lujos personales, fuera equitativamente distribuida mientras que el poder siguiera en manos de una minoría, de una pequeña casta privilegiada. Pero, en la práctica, semejante sociedad no podría conservarse estable, porque si todos disfrutasen por igual del lujo y del ocio, la gran masa de seres humanos, a quienes la pobreza suele imbecilizar, aprenderían muchas cosas y empezarían a pensar por sí mismos; y si empezaran a reflexionar, se darían cuenta más pronto o más tarde que la minoría privilegiada no tenía derecho alguno a imponerse a los demás y acabarían barriéndoles. A la larga, una sociedad jerárquica sólo sería posible basándose en la pobreza y en la ignorancia. Regresar al pasado agrícola como querían algunos pensadores de principios de este siglo no era una solución práctica, puesto que estaría en contra de la tendencia a la mecanización, que se había hecho casi instintiva en el mundo entero, y, además, cualquier país que permaneciera atrasado industrialmente sería inútil en un sentido militar y caería antes o después bajo el dominio de un enemigo bien armado...

1984, George Orwell. Capítulo 3º. 

3 de abril de 2012

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Cómo trabar el I+D+I en España. Un poco de historia

Arturo Barea, quién posteriormente se convirtió uno de los mejores escritores españoles en el exilio tras la Guerra Civil, trabajó durante varios años en las décadas de los 20 y los 30 en la Oficina de Patentes y en la Agencia de la Propiedad Industria de Madrid. En ese periodo en el que estuvo examinando las patentes que se solicitaban en España, tuvo ocasión de conocer de primera mano los ardides de las grandes compañías para mantener su negocio tradicional y boicotear las nuevas ideas de jóvenes emprendedores y pequeñas empresas. 
Palacio de Fomento, sede de la oficina de patentes en la década de los 20


El mismo Arturo Barea aprovechó entre 1927 y 1935 para registrar tres inventos suyos: un envase para pasta dentífrica, unos perfeccionamientos para máquinas vaporizadoras y un sistema para fabricar objetos huecos en pasta celulósica. En su libro "La lucha" que forma parte de su trilogía La forja de un rebelde (que vuelvo a recomendar encarecidamente) dedica uno de sus capítulos de forma casi íntegra a sus vivencias en la Oficina de patentes, y dentro de estas, hace hincapié en los tejemanejes y presiones que ejercían ciertas compañías para que no se concediesen patentes que  mermasen sus ventas. Así lo narra:


Arturo Barea
Un catedrático de la Universidad Central de Madrid, profesor de química, descubrió un procedimiento para disolver las sales alcalino-térreas, hasta entonces insolubles. La solución de este problema suponía una revolución en varias industrias, y el inventor era consciente de ello. Para la obtención de azúcar se tritura la caña o la remolacha y se produce una melaza que contiene el azúcar en solución. De esta melaza se obtiene del 14 al 17 por 100 de azúcar contenido, porque la presencia de las sales alcalino-térreas impide separar el resto. Nuestro cliente lograba separar del 85 al 92 por 100. Es decir, se podía obtener cinco veces más azúcar y cinco veces más barato. Cuando la patente estaba en trámite a través de varios países del mundo, se presentó un día en el confesonario el gerente de una sociedad alcoholera. Una sociedad que figuraba como española, pero que en realidad era alemana y de hecho tenía el monopolio del alcohol industrial en España. 

-Barea, quiero una copia de esa patente.
-Está en trámite y no puedo dársela sin orden del inventor.
Me mostró una carta del inventor autorizándome a darle una copia y  toda clase de detalles. La leí, y comenzamos a hablar:
-¿Qué opina usted de la patente?
-Creo que es genuina. Inglaterra la ha concedido y Alemania también.
-Pero ¿usted cree que esto funciona?
-A mí me lo ha demostrado prácticamente en su laboratorio. Industrialmente no sé, pero en el laboratorio es un juego de niños.
-Bien. Quiero que plantee usted un pleito de nulidad de esta patente. -La sociedad era un viejo cliente nuestro.
-Lo siento, pero no podemos hacerlo. Somos los agentes del inventor.
-Ya lo sé. Lo que quiero es que se encarguen ustedes del asunto. Es decir, de dirigir el asunto, no de figurar en él. Figurará el abogado de la compañía. Pero el abogado no sabe una palabra de la ley de patentes.
-Pero es un pleito perdido. La patente es sólida y real y no se podrá anular.
-También lo sé. Pero... bueno. Le voy a explicar la situación. Nosotros compramos a la Azucarera todos los residuos de la melaza para hacer alcohol. El inventor ha firmado un contrato con la Azucarera, lo cual quiere decir que las melazas van a tener un cinco por ciento de azúcar en lugar de un ochenta  y cinco por ciento. Comprenderá usted que estamos en nuestro derecho de defender nuestro negocio. En el momento que pongamos pleito a la patente, la Azucarera suspende el contrato.
-Pero la patente no la anulan ustedes.
-¡Claro que no! Pero el inventor es un profesor de universidad y nosotros tenemos millones. El pleito va a recorrer todas las  instancias, y va a durar años. El abogado lo tenemos a sueldo en la casa. El único gasto son los honorarios de ustedes y los derechos. La patente no la anulamos, pero al inventor lo arruinamos. 

No aceptamos el negocio, pero tuvimos que tomar la defensa del cliente. El contrato con la Azucarera se anuló. Su fortuna personal, unas doscientas mil pesetas heredadas de su familia, se consumió en pleitos. La patente se mantuvo firme, pero la gran industria se rió al fin.

Una firma holandesa se interesó por la patente: explotaba el azúcar en las Indias neerlandesas. Cuando comprobó la realidad de la patente, le ofreció cinco mil florines por todos los derechos. El inventor rechazó indignado la proposición. Le replicaron que su único interés era tener la patente como defensa, porque, ¿quién se iba a preocupar de llevarla a la práctica cuando lo que sobraba en el mundo era azúcar, y el negocio estaba en crisis por exceso de producción? Una entidad norteamericana fue más brutal: «No sabemos qué hacer con el azúcar de Cuba, y ¿quiere usted que le paguemos dinero por el derecho de fabricar cinco veces más barato un producto que no se vende?».

Personalmente, no me interesaba el inventor, pero me interesaba el problema económico que planteaba esta patente. El azúcar en  España era uno de los artículos de primera necesidad más caros. Constituía en realidad el monopolio de un trust que controlaba los precios de la remolacha y tenía profundas  ramificaciones en la política para mantener unos aranceles prohibitivos al azúcar  extranjero. Se pagaban precios de hambre al cultivador aragonés de remolacha y se marcaban precios exorbitantes a un consumidor que carecía de la posibilidad de elección. Las clases pobres consideraban el azúcar un artículo de lujo. Lo habían considerado siempre desde que España perdió la isla de Cuba. Aún recordaba yo la parsimonia con que mi madre prodigaba la cucharadita de azúcar en su café.

No era éste un caso aislado, ¡no! Mi confesonario ha visto desfilar entre sus paredes de acero y cristal a docenas de tiburones de la industria y de las finanzas, cada uno con su idea recóndita para acrecentar sus millones, aun a costa de vidas humanas. A mi confesonario venían los hombres que viajan  a través de Europa en avión y firman contratos fantásticos entre vuelo y vuelo.  Algunos ganan miles de pesetas por día.Costosos agentes de amos que se ocupan  en el incógnito, llegaban, impecablemente vestidos, aunque no siempre les sentaba bien la ropa; se instalaban en los mejores hoteles; eran refinados en sus maneras; exquisitos, suaves y convincentes en sus tratos; y a menudo increíblemente brutales y primitivos en sus diversiones después del negocio. Los he visto vestidos y desnudos,  en negocio y en juerga; porque era mi trabajo ser el agente de estos agentes. 

Tengo que hacer una aclaración: yo no creo que todo hombre de negocios es un canalla. He conocido y conozco muchos industriales y comerciantes honrados y sanos, con su defecto humano de querer ganar más y más. No hablo de éstos, sino de los otros. De los comerciantes e industriales que personalmente no existen. De los que no se llaman Muller, Smith o Pérez, sino que se esconden bajo un anónimo y se llaman la Deutsche A.G., la British Ltd. o la Ibérica S.A., y que en la impunidad de este anónimo, sin que nunca se encuentre al responsable, acaparan negocios, imponen precios y destruyen países. Sus directores y sus agentes comerciales no tienen más que una consigna: el dividendo. Los  concerns  y los  trusts   no están interesados en que sus agentes sean personas honradas, sino en que sean personas que sepan aparecer como honradas legalmente. Si es necesario sobornar a un ministro para que firme una ley, la sociedad da el dinero, pero es necesario que el agente sepa hacer de forma tal que nunca pueda probarse que fue la sociedad quien pagó.

Desde mi punto de observación del mecanismo económico, llegué a conocer estas entidades que pueden regalar acciones liberadas a reyes empobrecidos o avariciosos y hacer y deshacer ministros para pasar una ley de la cual muchas veces no ya el país, sino ni aun los diputados de la Cámara se enteran. Pero son demasiado poderosas para que simples palabras las hieran. Yo sabía quién pagó doscientas mil pesetas por el voto del más alto tribunal de España en el año 1925, para que se resolviera un pleito a su favor en el que se discutía nada más ni nada menos que el que España pudiera o no tener una industria aeronáutica propia. Sabía que los fabricantes de paños catalanes estaban a merced de un concern de industrias químicas las Industrias Químicas Lluch- que figuraba como español pero que de hecho pertenecía nada menos que a la I.G. Farben-Industrie. Sabía quiénes pagaron y quiénes cobraron miles de duros para que el pueblo español no pudiera tener aparatos de radio baratos, a través de una sentencia injusta. Y quiénes fueron los que a través de la ceguera estúpida de un dictador de cuarto de banderas se apoderaron del control de la leche en España, arruinaron a miles de comerciantes honrados, arruinaron a los granjeros de Asturias y obligaron a pagar al público leche más cara y sin valor nutritivo. Pero ¿qué podía hacer yo?

Por el confesonario, por «mi confesonario», pasaban estos hombres y estas cosas. Yo era una ruedecilla insignificante de la maquinaria, pero la fuerza tenía que pasar a través de mí. No tenía derecho a pensar ni a ver. Se me consideraba como un complemento de ellos, como uno más que estaba haciendo su carrera. ¡Y se confesaban conmigo! En la escuela me había visto entre el engranaje de un sistema hipócrita de enseñanza que comerciaba con la inteligencia y la miseria para atraer al internado a los hijos de los mineros ricos. En el ejército me había visto entre el engranaje de los obreros de la guerra, maniatado por un código militar y por un sistema que impedía probar nada, pero que permitía destruir fácilmente a un sargento. Ahora me veía en otro engranaje, al parecer menos brutal, pero mucho más sutil y eficaz. Podía rebelarme, pero ¿cómo? A un juez no podéis ir a contarle que el gerente de una sociedad alcoholera trata de despojar a un inventor de su trabajo y a una nación de azúcar cinco veces más barato. Los jueces no están para eso. Los jueces están para perseguiros a vosotros, porque habéis violado un secreto profesional y esto es delito. Lo otro... lo otro son negocios y en negocios todo es legal. La sociedad puede atacar una patente que cree nula; el inventor tiene el derecho legal de defenderse. Si no puede, si no tiene los millones necesarios para enfrentarse con una sociedad anónima y para resistir cinco años de pleito, esto no es culpa del juez ni de las leyes, es mala suerte del inventor.

Si yo planteo una denuncia semejante, el juez se ríe de mí y mi jefe me pone en la calle. Pierdo mi prestigio de trabajador leal e inteligente y se me cierran todas las puertas. Me muero de hambre bajo el dedo acusador de la familia que me llama idiota. Puedo ir a la cárcel por calumnia. Por calumniar a los que arrebataron la nata de la leche a los niños de Madrid; por calumniar a los que les arrebataron el azúcar; por calumniar a personas decentes, honorables, que hacen negocios lícitos...


Fuente: La llama, La forja de un rebelde. Arturo Barea

22 de febrero de 2012

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La Segunda Guerra Mundial desde el aire

Colección de imágenes de la Segunda Guerra Mundial tomadas desde el aire en plena contienda. Estas instantáneas contienen momentos claves de la contienda como son los bombardeos de Hamburgo, la operación Market Garden o vistas del campo de exterminio de Birkenau.


Ataque aéreo sobre Hamburgo, Enero de 1943

 
Desembarco de paracaidistas sobre Holanda. Septiembre 1944

Aeródromo de Folkingham, Inglaterra, 9 May 1944
Bombardeo de Pointe du Hoe por Ninth Air Force bombers
Ataque sobre Toulon, Noviembre 1942

Hamburgo tras los bombardeos, 1943

Bombardeo sobre Siena, 1941

Operación Market Garden 17 September 1944



Campo de exterminio de Birkenau, 21 de diciembre 1944

Bombardeo sobre la fábrica de motores de la Hispano Suiza en Paris, 1943
Fuente: Ibliblio.org

29 de enero de 2012

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La impresionante contaminación de Moscú

La salvaje industrialización acaecida en la última década, el espectacular aumento del parque automovilístico, unido todo ello a la lasa legislación en términos medioambientales y de emisión de agentes contaminantes, junto con las bajas temperaturas que soporta durante todo el año que hacen tener encendidas muchos meses todas las calefacciones de los más de diez millones de habitantes que residen en la capital rusa, ha llevado en los últimos años y en especial en los últimos meses a una situación de alto riesgo para la salud de los habitantes moscovitas, debida a la altísima contaminación soportada. 

Estas fotografías del reportero gráfico moscovita Dimitri Chritoprudov dan buena cuenta de ello.











Las imágenes me llegaron por correo. Gracias  a @Milhaud creo que fueron sacadas de aquí

22 de noviembre de 2011

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Propaganda soviética contra el consumo de alcohol

Durante todo el S.XX el alcoholismo ha sido una de las grandes lacras de la sociedad soviético-rusa. Hasta el S.XX el consumo en términos relativos de bebidas alcohólicas entre los ciudadanos de la Unión Soviética era uno de los más bajos de Europa. Con la introducción de la tremenda industrialización forzada a la que se vio abocada con la llegada del comunismo en las primeras décadas del siglo XX, una gran parte de la población campesina soviética emigró al ámbito urbano desde las zonas rurales. Hasta ese momento, el consumo de alcohol estaba en su mayor parte controlado por las autoridades civiles rurales y urbanas.

La llegada del alto número de campesinos a las grandes ciudades, la liberalización en el consumo de alcohol y el precio reducido que presentaba este debido a las nuevas técnicas de producción, embotellado y distribución redujeron el coste de fabricación de redujese considerablemente e hicieron que la masa popular tuviese acceso rápido y barato a las bebidas alcohólicas. Esta facilidad en la adquisición, unida a las duras condiciones laborales de que gozaban la mayor parte de la población obrera tuvo como resultado una cultura de la embriaguez permanente y de la pérdida de consciencia. Los sucesivos gobiernos a partir de 1920 tomando conciencia de la gravedad de la masificación de esta conducta, intentaron poner en marcha diferentes campañas contra el consumo de alcohol. Estas campañas gubernamentales duraron hasta 1990. 

Estos carteles que vemos a continuación formaron parte de estas campañas:



No seas prisionero de los malos hábitos
De la vida real
Así es como uno se vuelve semejante a un cerdo

El amigo del vodka es el enemigo del sindicato
Todo rio empieza en un pequeño arroyo




El alcohol es enemigo de la mente






¿A ti tampoco te dejan entrar en casa?

Recopilación de carteles:


 Fuente: Laughing squid



2 de noviembre de 2011

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Tu nivel de riqueza entre los 7000 millones de habitantes del planeta

Estos días una de las noticias más repetidas ha sido la llegada de la población del planeta a la cifra de 7.000.000.000 de habitantes. Obviamente esta población es estimada ante la imposibilidad de dar una cifra exacta. De estos 7.000.000.000 ¿Sabes en que posición te encuentras tú a nivel de riqueza según tus ingresos anuales? Calcúlalo

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Según los creadores de la página Global Rich List, el objetivo de esta, es la concienciación de la mayor parte posible de población con acceso a este tipo de páginas y de tecnología, de su situación de privilegio dentro de todos los pbladores del planeta. Muchos viven obsesionados mirando hacía arriba, hacia los más ricos, sin darse cuanta de la inmensa suerte que tienen al estar entre posiblemente el 10% más afortunado del plantea. Cosa que se consigue con un sueldo medio en España como son 20.000€

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¿Cómo se realizan estos cálculos?

Los cálculos se basan en cifras del Grupo de Investigación del Banco Mundial para el Desarrollo. Para calcular la posición más exacta de cada individuo se asume que la población total del mundo es 7.000.000.000  y el ingreso anual promedio es de $ 5.000 en todo el mundo.



Ahora que ya somos 7.000.000.000 de habitantes en el planeta, quizás quieras saber como hemos llegado tan rápido a esta cifra. No te pierdas este artículo en el que está perfectamente explicado ¿Cómo ha crecido tan rápido la población mundial?

10 de agosto de 2011

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Arturo Castellanos, el hombre que salvó a 40.000 judios del Holocausto

La historia de Arturo Castellanos es parecida a la de tantos diplomáticos que salvaron vidas de judíos del Holocausto, similar a la que Steven Spielberg hizo archifamosa en su película "La lista de Schlinder". Ambos salvaron miles de vidas gracias los salvoconductos; Schlinder dando salvoconductos de trabajo, Arturo Castellanos con salvoconductos de ciudadanía salvadoreña. Schlinder salvó la vida a unos 1200 judíos. Castellanos logró salvar la vida de unos 40.000.

Coronel Arturo Castellanos

Arturo Castellanos nació en San Salvador en 1893 y murió en la misma ciudad en 1977. Hijo de un general del ejercito salvadoreño, siguió los pasos de su padre y llegó a ostentar el rango de Coronel. Realizó estudios militares en Italia, para posteriormente trasladarse a Ginebra, como cónsul de El Salvador. Allí conoció a la que sería su futura esposa, María Schürman, con quién tuvo 3 hijos. Desde el momento de su boda, adquirió la nacionalidad suiza.

A principios de 1944, Hungría claudicaba ante los ejércitos alemanes. Los miles de judíos que vivían en Hungría sabían el destino que les esperaba bajo el yugo alemán. Ya era muy conocido todo lo que estaba sucediendo a los judíos de los países que habían caído antes. Su destino eran los campos de exterminio como Auschwitz-Birkenau, de hecho, ese fue el destino para muchos de ellos*. Una luz de esperanza brilló para muchos cuando llegó a sus oídos que desde la embajada de El Salvador (país desconocido para una gran mayoría) se estaba intentando ayudar a su salvación. La idea había partido de George Mantello. George Mandel-Mantello, era comerciante judío de ascendencia húngara a quién Castellanos nombró primer secretario del consulado con el fin de protegerlo de la persecución nazi. Fue detenido por la Gestapo, y pudo haber sido enviado a un campo de concentración, pero el pasaporte que le confería nacionalidad salvadoreña en razón de su cargo lo evitó.


George Mandel
Castellanos y Mantello actuaron a espaldas del gobierno de San Salvador, por su cuenta. Una estrategia que aprovechó los vacíos de información reinantes en medio del caos. En la misma Suiza, la acción no pasó desapercibida tampoco, muchas veces fueron las que temieron acabar en la cárcel por un chivatazo de alguno de los simpatizantes de los nazis que había en suiza en aquellos momentos. Miles de salvoconductos fueron llevados a los judíos de Hungría en transportes clandestinos que burlaban la fronteras impuestas por el ejercito alemán. Durante meses trabajaron día y noche en la expedición de estos salvoconductos, en la recepción de los nombres que llegaban a su ofician de ciudadanos húngaros de confesión judía y en la elaboración y envío de las cartas de ciudadanía. 


Salvoconducto expedido por Castellanos & Mantello
Salvoconducto expedido por Castellanos & Mantello


Las fotografías no mentían. Rostros de tez clara, cabellos claros, sombreros negros y largas barbas. No eran salvadoreños, pero los soldados alemanes de 1944 no tenían idea de qué clase de país era El Salvador, ni de la apariencia de sus habitantes. Solamente reconocían sellos y firmas de instituciones diplomáticas y eso bastaba para no proceder al arresto que llevó a millones de personas a campos de concentración y cámaras de gas. 



Entre 1942 y 1944 se emitieron al menos 13 mil documentos que acreditaban la nacionalidad salvadoreña a matrimonios y familias judío-húngaras, checas, francesas, alemanas y polacas. Algunos de estos certificado habrían amparado hasta 11 personas por documento, con lo que la cifra de personas salvadas por el salvadoreño del exterminio masivo realizado por los nazis podría rondar las 40 mil. Y es así como los “salvadoreños” formaron la comunidad extranjera más numerosa de Hungría. El 4 de julio de 1944, el Gobierno de El Salvador solicitó formalmente al Gobierno Suizo, que los salvadoreños en Hungría quedasen bajo la protección del Consulado Suizo en Budapest.

Video homenaje a Arturo Castellanos

El 3 de mayo de 2010 Arturo Castellanos fue nombrado Justo entre las Naciones. Designa de manera oficial a un programa de reconocimiento y distinción creada para honrar a las víctimas y los héroes del Holocausto con el objeto de rendir el máximo honor a aquellas personas que, sin ser de confesión o ascendencia judía, prestaron ayuda de manera altruista y singular a las víctimas, por su condición de judíos, de la persecución emprendida por el régimen nacionalsocialista del Tercer Reich alemán y otros afines en Europa con anterioridad y durante la Segunda Guerra Mundial.
Yad Vashem. Museo de los Justos entre las naciones


Conocí la historia gracias al chivatazo de David Castellanos, a quien desde aquí doy las gracias y te animo a seguirlo en Twitter @dcastellanos

* Recomiendo la lectura de Sin destino de Imre Kertész. Ciudadano judío que vivió en Hungría. Cuando contaba con 14 años fue apresado y pasó por varios campos de concentración, entre ellos Auschwitz. Desgarrador y clarificador relato de la época a través de los ojos de un adolescente.


Fuente y referencias: Página oficial del Yad Vashem