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3 de abril de 2013

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Antes de reciclar, enviar donde sea necesario


Historia de un economista es la historia de Peter Griffins, quien durante cuatro meses trabajó para el Banco Mundial en Sierra Leona. Libro extremadamente interesante, al menos lo que llevo leido, que es más de la mitad. Podría hacer una reseña de casi cada capítulo, por las revelaciones que hay para un occidental como yo, sobre el día a día en uno de los paises más pobres del mundo. Sierra Leona.

El siguiente fragmento, me ha llamado poderosamente la atención, ya que es un aspecto en el que nunca había pensado pudiese influir con tanta importancia en la erradicación del analfabetismo mundial:

Al mirar a estos niños dirigiéndose a la escuela, me pregunto si su educación les hará algún bien o no. Se denuncia que alguien que ha completado la educación primaria será funcionalmente analfabeto en tres años, a no ser que obtenga un trabajo que exija leer y escribir. No abundan este tipo de trabajos y aunque en teoría abundaran, nuestro Ministerio no puede permitirse comprar papel, así que no se escribe. Ni siquiera pueden evitar volver al analfabetismo leyendo mucho. En los países pobres, y Sierra Leona es muy pobre, no hay nada disponible para leer en forma de libros, revistas o periódicos. Hay unos cuantos pequeños diarios en la capital, y las mecanógrafas siempre parecen estar leyendo las novelas románticas de Milis & Boon de décima mano, pero así es. 


Nadie aquí puede aprender a leer y escribir corno yo lo hice (mediante la lectura voraz de cómics, libros infantiles, después novelas de misterio, historias de detectives, ciencia-ficción, etc.. más que por lo que aprendí en la escuela). Incluso los universitarios licenciados de aquí han leído pocas cosas que no estuvieran en su programa de estudios, pues los libros no están disponibles. Me gustaría ver a Gran Bretaña enviando todos los libros de segunda mano, restos de ediciones, incluso revistas no vendidas, al Tercer Mundo. No tendrían por que ser libros educativos, simplemente algo que la gente pueda disfrutar leyendo. Es asombroso que los jóvenes profesionales que nos encontramos sean risueños y estén entregados a su trabajo. Creen que son diferentes, incluso aunque no tengan mucho material ni medios para realizar sus trabajos. Un hombre joven no parecía tan contento. Había crecido en Freetown y fue allí a la universidad. Sus estudios fueron brillantes. Después hincas doctorado en Cambridge, y pensó que el único límite era el cielo. Ahora ha sido arrojado al olvido como trabajador en un proyecto sin prácticamente salario. Tiene que desempeñar un trabajo en el que no necesita ninguna de las capacidades que le ha costado esfuerzo aprender, y no recibe ningún respeto ni reconocimiento puras formación. Ni siquiera puede obtener suficientes medios para realizar su trabajo rutinario adecuadamente. Estaba bastante alterado mientras me contaba todo esto, y creo que está cerca de una crisis nerviosa. ¡Qué pérdida! 

A la vista de lo necesario que es llevar documentos impresos a los lugares donde realmente son necesarios, me surge la pregunta con la que titulo el artículo, ¿No se debería mandar la mayor parte de revistas, comics, libros.. etc que hay en los contenedores de papel reciclado a estos paises en fase de erradicación del analfabetismo ? 



The Economist's Tale: A Consultant Encounters Hunger and the World Bank, Peter Griffins. 2004

22 de noviembre de 2011

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Propaganda soviética contra el consumo de alcohol

Durante todo el S.XX el alcoholismo ha sido una de las grandes lacras de la sociedad soviético-rusa. Hasta el S.XX el consumo en términos relativos de bebidas alcohólicas entre los ciudadanos de la Unión Soviética era uno de los más bajos de Europa. Con la introducción de la tremenda industrialización forzada a la que se vio abocada con la llegada del comunismo en las primeras décadas del siglo XX, una gran parte de la población campesina soviética emigró al ámbito urbano desde las zonas rurales. Hasta ese momento, el consumo de alcohol estaba en su mayor parte controlado por las autoridades civiles rurales y urbanas.

La llegada del alto número de campesinos a las grandes ciudades, la liberalización en el consumo de alcohol y el precio reducido que presentaba este debido a las nuevas técnicas de producción, embotellado y distribución redujeron el coste de fabricación de redujese considerablemente e hicieron que la masa popular tuviese acceso rápido y barato a las bebidas alcohólicas. Esta facilidad en la adquisición, unida a las duras condiciones laborales de que gozaban la mayor parte de la población obrera tuvo como resultado una cultura de la embriaguez permanente y de la pérdida de consciencia. Los sucesivos gobiernos a partir de 1920 tomando conciencia de la gravedad de la masificación de esta conducta, intentaron poner en marcha diferentes campañas contra el consumo de alcohol. Estas campañas gubernamentales duraron hasta 1990. 

Estos carteles que vemos a continuación formaron parte de estas campañas:



No seas prisionero de los malos hábitos
De la vida real
Así es como uno se vuelve semejante a un cerdo

El amigo del vodka es el enemigo del sindicato
Todo rio empieza en un pequeño arroyo




El alcohol es enemigo de la mente






¿A ti tampoco te dejan entrar en casa?

Recopilación de carteles:


 Fuente: Laughing squid



11 de octubre de 2011

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El empresario que realizó un pedido 100 ó 120 bacaladas, recibió 1000120, se hizo millonario y popularizó el bacalao en Bilbao

Imagínate que haces un pedido de unas cien bacaladas y recibes un millón de ellas sin posibilidad de retorno porque el error ha podido ser tuyo. Seguramente supondría la quiebra para tu empresa, tu ruina por no poder hacer frente al pago y al coste del aprovisionamiento. Lo que en condiciones normales supondría la ruina, "gracias" al estallido de una guerra supuso la creación de una de las mayores fortunas de España y la popularización del bacalao como producto típico de Bilbao.

Bilbao a mediados del S.XIX

En el año 1824, el Ministerio de Agricultura había establecido el Monopolio Estatal del Bacalao, por lo que todas las grandes importaciones de este pescado deberían ser controladas por el gobierno. Muchos fueron los empresarios que intentaron saltarse este control con pedidos pequeños que intentaban pasar desapercibidos en los puertos. Uno de esos empresarios fue José Mª Gurtubay, pequeño comerciante bilbaíno con origen en Dima. En noviembre de 1835 José Mª, envió un telegrama a sus proveedores ingleses que decía "Envíenme primer barco que toque puerto de Bilbao 100ó120 bacaladas primera superior" que fue interpretado en recepción como "Envíenme primer barco que toque puerto de Bilbao 1000120 bacaladas primera superior". Lo que en principio era un pedido normal, se convirtió en un pedido de un millón ciento veinte bacaladas. 

Cargueras de bacalao a finales del S.XIX

Desesperado por el pago a realizar y la cantidad de excedente que tenía en el almacén, comenzó una serie de viajes para intentar vender la mayor parte de su mercancía fuera de Bilbao, realizando viajes a Galicia, Asturias, Navarra...pero justo a principios de 1836, el inicio del 2º Sitio de Bilbao de la 1ª Guerra Carlista, hizo que la ciudad quedase desabastecida tanto por tierra como por mar al estar bloqueados sus puertos. El cargamento ingente de bacalao que Gurtubay todavía conservaba en sus almacenes, hizo que la ciudad de Bilbao pudiese estar abastecida durante muchos meses, además de reportar grandísimos beneficios al comerciante. El gran consumo de esos días en Bilbao de bacalao (valga la cacofonía) hizo que la manera de preparación de este pescado fuese de tantas formas distintas como han llegado a nuestros días.

Mercado de bacalao, finales S.XIX

De esta manera surgió una de las principales fortunas más grandes de España. Posteriormente la visión comercial de Gurtubay le hizo acometer empresas como la participación en el ensanche de Bilbao, el nacimiento del ferrocarril en tierras vascas con la línea Bilbao - Tudela, la financiación del Banco de Bilbao... El linaje Gurtubay entró rápidamente entre la burguesía española gracias a sus posesiones, llegando incluso a emparentar con la Casa Alba. Una nieta de José Mª Gurtubay se casó con el XVII Duque de Alba, abuelo de la actual Duquesa de Alba, quién tiene Gurtubay como uno de sus apellidos.


Fuente:  'Empresarios al magnesio", Manolo Llano Gorostiza

10 de agosto de 2011

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Arturo Castellanos, el hombre que salvó a 40.000 judios del Holocausto

La historia de Arturo Castellanos es parecida a la de tantos diplomáticos que salvaron vidas de judíos del Holocausto, similar a la que Steven Spielberg hizo archifamosa en su película "La lista de Schlinder". Ambos salvaron miles de vidas gracias los salvoconductos; Schlinder dando salvoconductos de trabajo, Arturo Castellanos con salvoconductos de ciudadanía salvadoreña. Schlinder salvó la vida a unos 1200 judíos. Castellanos logró salvar la vida de unos 40.000.

Coronel Arturo Castellanos

Arturo Castellanos nació en San Salvador en 1893 y murió en la misma ciudad en 1977. Hijo de un general del ejercito salvadoreño, siguió los pasos de su padre y llegó a ostentar el rango de Coronel. Realizó estudios militares en Italia, para posteriormente trasladarse a Ginebra, como cónsul de El Salvador. Allí conoció a la que sería su futura esposa, María Schürman, con quién tuvo 3 hijos. Desde el momento de su boda, adquirió la nacionalidad suiza.

A principios de 1944, Hungría claudicaba ante los ejércitos alemanes. Los miles de judíos que vivían en Hungría sabían el destino que les esperaba bajo el yugo alemán. Ya era muy conocido todo lo que estaba sucediendo a los judíos de los países que habían caído antes. Su destino eran los campos de exterminio como Auschwitz-Birkenau, de hecho, ese fue el destino para muchos de ellos*. Una luz de esperanza brilló para muchos cuando llegó a sus oídos que desde la embajada de El Salvador (país desconocido para una gran mayoría) se estaba intentando ayudar a su salvación. La idea había partido de George Mantello. George Mandel-Mantello, era comerciante judío de ascendencia húngara a quién Castellanos nombró primer secretario del consulado con el fin de protegerlo de la persecución nazi. Fue detenido por la Gestapo, y pudo haber sido enviado a un campo de concentración, pero el pasaporte que le confería nacionalidad salvadoreña en razón de su cargo lo evitó.


George Mandel
Castellanos y Mantello actuaron a espaldas del gobierno de San Salvador, por su cuenta. Una estrategia que aprovechó los vacíos de información reinantes en medio del caos. En la misma Suiza, la acción no pasó desapercibida tampoco, muchas veces fueron las que temieron acabar en la cárcel por un chivatazo de alguno de los simpatizantes de los nazis que había en suiza en aquellos momentos. Miles de salvoconductos fueron llevados a los judíos de Hungría en transportes clandestinos que burlaban la fronteras impuestas por el ejercito alemán. Durante meses trabajaron día y noche en la expedición de estos salvoconductos, en la recepción de los nombres que llegaban a su ofician de ciudadanos húngaros de confesión judía y en la elaboración y envío de las cartas de ciudadanía. 


Salvoconducto expedido por Castellanos & Mantello
Salvoconducto expedido por Castellanos & Mantello


Las fotografías no mentían. Rostros de tez clara, cabellos claros, sombreros negros y largas barbas. No eran salvadoreños, pero los soldados alemanes de 1944 no tenían idea de qué clase de país era El Salvador, ni de la apariencia de sus habitantes. Solamente reconocían sellos y firmas de instituciones diplomáticas y eso bastaba para no proceder al arresto que llevó a millones de personas a campos de concentración y cámaras de gas. 



Entre 1942 y 1944 se emitieron al menos 13 mil documentos que acreditaban la nacionalidad salvadoreña a matrimonios y familias judío-húngaras, checas, francesas, alemanas y polacas. Algunos de estos certificado habrían amparado hasta 11 personas por documento, con lo que la cifra de personas salvadas por el salvadoreño del exterminio masivo realizado por los nazis podría rondar las 40 mil. Y es así como los “salvadoreños” formaron la comunidad extranjera más numerosa de Hungría. El 4 de julio de 1944, el Gobierno de El Salvador solicitó formalmente al Gobierno Suizo, que los salvadoreños en Hungría quedasen bajo la protección del Consulado Suizo en Budapest.

Video homenaje a Arturo Castellanos

El 3 de mayo de 2010 Arturo Castellanos fue nombrado Justo entre las Naciones. Designa de manera oficial a un programa de reconocimiento y distinción creada para honrar a las víctimas y los héroes del Holocausto con el objeto de rendir el máximo honor a aquellas personas que, sin ser de confesión o ascendencia judía, prestaron ayuda de manera altruista y singular a las víctimas, por su condición de judíos, de la persecución emprendida por el régimen nacionalsocialista del Tercer Reich alemán y otros afines en Europa con anterioridad y durante la Segunda Guerra Mundial.
Yad Vashem. Museo de los Justos entre las naciones


Conocí la historia gracias al chivatazo de David Castellanos, a quien desde aquí doy las gracias y te animo a seguirlo en Twitter @dcastellanos

* Recomiendo la lectura de Sin destino de Imre Kertész. Ciudadano judío que vivió en Hungría. Cuando contaba con 14 años fue apresado y pasó por varios campos de concentración, entre ellos Auschwitz. Desgarrador y clarificador relato de la época a través de los ojos de un adolescente.


Fuente y referencias: Página oficial del Yad Vashem

8 de agosto de 2011

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Canto de odio a Inglaterra. El poema que avivó el odio de los alemanes

¿Cómo se puede azuzar y encrespar el ánimo de todo un país para justificar la intervención en una guerra? ¿Cómo hacer crecer el odio hacia otro país, hacia otro pueblo, para que millones de habitantes vean justificado levantarse en armas contra otro? ¿Puede sólo la propaganda del poder crear ese ambiente propicio? En la Alemania pre-guerra un poeta contribuyó de forma considerable a la exaltación del odio hacía Inglaterra y los ingleses con el  poema "Canto de odio a Inglaterra" que recitaron de memoria los casi 70 millones de alemanes de la época.

Octavillas con el poema repartidas en 1915

Ernst Lissauer fue un escritor, músico y artista judio-alemán nacido en Berlin en 1882, perteneciente a una familia prusiana acaudalada y fallecido en Viena el 10 de Diciembre de 1937. En su época tuvo un amplio reconocimiento de público y crítica, siendo considerado como el mayor exponente de la poesía germánica del momento. Además era un ferviente patriota alemán. En el momento de comenzar la I Guerra Mundial, quiso entrar en combate junto con el resto de sus paisanos alemanes, pero su inscripción fue desestimada por unos problemas de salud que arrastraba desde muy joven. Nadie conocía la lírica alemana mejor que él, nadie estaba más enamorado y cautivado que él por la lengua alemana: como muchos judíos cuyas familias se habían integrado tarde en la cultura alemana, creía con más fervor en Alemania que el alemán más creyente.

Lissauer (arriba a la derecha) junto a Sigmund Freud en 1909

Viendo que no podría contribuir a la victoria alemana desde el frente decidió colaborar en la exaltación del odio hacia Inglaterra, a quien Lissauer consideraba como principal culpable de la guerra. Para él era una verdad más que garantizada todo cuanto publicaban los periódicos alemanes y lo que decían los comunicados de guerra alemanes. Su país había sido atacado y el peor criminal era, según la escenificación difundida desde la Wilhelmstrasse, aquel pérfido Lord Grey, ministro de Asuntos Exteriores inglés. Este odio se plasmó en el poema escrito en Octubre de 1914 "Canto de odio a Inglaterra"

Haßgesang gegen England

¿Qué nos importan Los rusos y los franceses?
¡Disparo por disparo Y golpe por golpe!
No los amamos,
No los odiamos,
Defendemos el Vístula Y el Wasgaupass,-
Tenemos un solo Y único odio,
Amamos todos a una,
Odiamos todos a una,
Tenemos un solo Y único enemigo:
Pues todos lo sabéis,
Pues todos lo sabéis,
Se agazapa tras la marea gris,
Lleno de envidia, lleno de rabia,
Lleno de astucia, lleno de ingenio,
Separado por las aguas,
Más espesas que la sangre.
Queremos entrar en un tribunal,
Pronunciar un juramento, Cara a cara,
Un juramento mineral, Que ningún viento se lleve,
Un juramento para hijos y nietos,
Oíd la palabra, Repetid la palabra,
Resuena por toda Alemania:
No queremos cejar En nuestro odio,
Todos tenemos Un único odio,
Amamos todos a una,
Odiamos todos a una,
Todos tenemos Un único enemigo:

¡INGLATERRA!

En el camarote de a bordo, En el salón de gala,
Los oficiales del barco Se sentaron al banquete,
Como un golpe de sable, Como un impulso de las velas,
Alguien, saludando, Elevó su vaso,
Como un golpe de remo, Lanzó tan solo
Tres sonoras palabras: “¡Por el día!”
¿Por quién iba ese brindis?
Todos tienen Un único odio
¿A quién se refería?
Todos tienen Un único enemigo:

¡INGLATERRA!

Toma los pueblos De la Tierra en prenda,
Construye murallas Con lingotes de oro,
Cubre las aguas del océano, Con proa sobre proa,
Calculas con astucia, Pero no la suficiente.
¿Qué nos importan Los rusos y los franceses?
¡Disparo por disparo Y golpe por golpe!
Afrontamos la lucha Con bronce y acero,
Y quizá algún día Firmemos la paz,-
Te odiaremos Con odio duradero,
No cejaremos En nuestro odio,
Odio por tierra y por mar,  Odio de la cabeza
Y odio de la mano, Odio del martillo
Y odio de la corona, Odio sordo
De setenta millones,
Aman todos a una, Odian todos a una,
Todos tienen Un único enemigo:

¡INGLATERRA!


Este poema rápidamente fue tomado como instrumento para la movilización de las masas por parte de propaganda oficial. (Se hizo evidente lo fácil que resulta trabajar con el odio. Aquel judío rechoncho y obcecado, Lissauer, se anticipó al ejemplo de Hitler) Fue teatralizado y musicalizado para ser representado en todos los teatros antes de cualquier función. Era de obligado aprendizaje en las escuelas. Los periódicos fueron exhortados a publicarlo. Pronto, la gran mayoría de la población alemana podía recitar de memoria esta canción del odio. En cada formación militar, tanto oficiales como soldados entonaban el poema. Fue tanta la fama que adquirió este poema que el Kaiser Guillermo II concedió a Lissauer la Cruz del Águila Roja y lo nombró caballero del imperio.

Eco del poema en el New York Times 1915

Aparte de este poema. Lissauer también fue el creador de uno de los eslóganes más famosos y repetidos de la guerra Gott strafe England (Dios castigue a Inglaterra). Este eslogan fue ampliamente reproducido en todo tipo de equipamiento, tanto civil como militar. Era normal que fuese el grito de guerra entre los soldados en el momento de entrar en combate, así como un saludo entre civiles en los peores momentos de la contienda.


Sello postal con el eslogan

Gemelos usados por gran parte de los oficiales alemanes

Una vez concluida la guerra con la consabida derrota alemana todo cambió. Los alemanes implicados en la contienda rápidamente quisieron desembarazarse de su culpa. Lissauer fue uno de los principales señalados por todos aquellos que renegaban en ese momento de su enemistad hacia Inglaterra. Lissauer fue acusado repetidas veces de ser el gran promotor de todo odio hacía los ingleses. Para librarse de la parte de culpa que les correspondía, pusieron en la picota al «Lissauer del odio», acusándolo públicamente de ser el único culpable de la insensata histeria de odio que en 1914 habían compartido todos, del primero al último. En 1919 le volvieron la espalda todos aquellos que en 1914 lo habían elogiado. Los  periódicos no volvieron a publicar su poema; cuando Lissauer se presentaba ante sus colegas, se hacía un silencio de consternación. Después, abandonado por todos, Hitler lo desterró de la Alemania que él había amado con todas las fibras de su ser y murió olvidado, trágica víctima de un poema que lo había encumbrado tanto para luego hundirlo más todavía.  Falleció en el total olvido varios años después, casi en el inicio de la II Guerra Mundial en Viena.


Fuente: El mundo de ayer, memorias de un europeo. Stefan Zweig

*Muchísimas gracias a Javier Granda y a Begoña Belloch por su gran traducción del poema del alemán. 

22 de junio de 2011

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El hombre que salvó la Alhambra de su destrucción

Madrugada del 15 al 16 de septiembre de 1812; las tropas francesas dirigidas por el mariscal Soult se disponen a abandonar sus puestos en la Alhambra ante el avance de las tropas españolas comandadas por el general Ballesteros. El mariscal francés ordena la colocación de explosivos en todos los palacios nazaríes para su voladura. Poco después ordena prender la mecha, una serie de explosiones hacen que la Torre del Cabo de la Carrera sea casi totalmente destruida, otras, como la Torre del Agua sólo parcialmente. El resto de la Alhambra y palacios nazaríes no corre la misma suerte gracias a la intervención de José García, cabo de inválidos, quién logró apagar las mechas que conectaban los explosivos colocados por las tropas francesas.

Placa conmemorativa

Esta es la historia a la que homenajea la placa que se puede encontrar en uno de los muros que rodean la Alhambra, en el Patio de los Aljibes, a la entrada de la Alcazaba junto a la Puerta del Príncipe.

Vista de la placa en su ubicación

Poco más se sabe de José García. Llegó a ser cabo del cuerpo de inválidos, antiguo cuerpo de las tropas españolas en la que ingresaban todos los soldados que tuviesen heridas o mutilaciones en batalla. José García combatió en Bailén en 1808, donde quedó herido de forma grave al perder una mano y quedar gravemente herido de una pierna, arrastrando a partir de entonces una gran cojera. Una vez recuperado ingresó en el mencionado cuerpo, siendo destinado junto con el resto del batallón al sitio de Granada. El principal cometido de este cuerpo, dadas sus pocas posibilidades de movilización era el de vigilancia. El cabo García murió en 1834 tras una larga convalecencia al haber contraído cólera.

Restos de la Torre del Agua tras su destrucción parcial por las tropas napoleónicas

Restos de la Torre del Cabo de carrera, mucho más dañada
Desde entonces la vigilancia de casi todos los recintos de la Alhambra se encomendó al cuerpo de inválidos, concretamente del cuidado de los bosques, parques y jardines del recinto nazarí. Este trabajo fue pasando de padres a hijos una vez fue disuelto el Cuerpo de Inválidos. En 1996 María Victoria Carrasco, esposa del último vigilante de la Alhambra quién había nacido en esas mismas estancias, fue la última habitante del recinto monumental de la Alhambra.

Vista de la Alhambra

No hay mucha base documental que cuente la historia de José García, por lo que para muchos estos hechos no pasan de ser una de las leyendas que jalonan la historia de la Alhambra de Granada, aunque estudios recientes apuntan a su veracidad.

Fuente: Granada de leyenda. Manuel Lauriño, 2005. Editorial Almuzara.


*Actualización 23/06/2011

Gracias a la difusión de este artículo he tenido acceso a una interesante información sobre la historia de José García y sobretodo de la historia de la placa conmemorativa, que me ha cedido Francisco Fernández, a quién desde aquí doy las gracias por su colaboración.

Francisco Fernández es hijo de D. Fidel Fernández Martínez médico, delegado general de Bellas Artes en Granada y Conservador de la Alhambra y del Tesoro Artístico granadino en 1936, quién gracias a su impulso, se colocó esta placa en honor a José García, Cabo de Inválidos.

La placa fue instalada en su actual ubicación el 26 de noviembre de 1936, siendo pocos días después inaugurada en presencia de las máximas autoridades granadinas de la época. El periódico Ideal de Granada recogía estos hechos en su edición impresa. Puede verse aquí y aquí

Fidel Fernández Martínez

29 de abril de 2011

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¿Qué piensa un soldado momentos antes de entrar en batalla por primera vez?

¿Qué piensa un soldado momentos antes de entrar en batalla por primera vez?  ¿Ese momento justo antes de enfrentarse al enemigo desvirgando su fusil en el frente?. Arturo Barea (1897 - 1957) Escritor y militar republicano que se exilió a Inglaterra tras la Guerra Civil lo explica así tras su experiencia en la guerra que España mantuvo con Marruecos entre 1911 y 1927 en la que estuvo presente combatiendo en el famoso Desastre de Annual. Seguramente algún soldado español destinado estos días en Afganistán o Irak se haga las mismas preguntas, casi 100 años después.

Soldados anónimos españoles que participar en la Guerra de Marruecos en 1921


Por primera vez iba a ir a la guerra.

Cada soldado cogido en el mecanismo de un ejército se pregunta a sí mismo en la víspera de ir al frente: «¿por qué?». Los soldados españoles en Marruecos se hacían la misma pregunta. No podían evitar el intentar entender por qué se encontraban en África y por qué tenían que arriesgar sus vidas. Los habían hecho soldados a los veinte años, porque tenían veinte años; los habían destinado a un regimiento y los habían mandado a África a matar moros. Hasta aquí, su historia era la misma de todos los soldados que son movilizados por una ley y mandados al frente de batalla. pero en este punto comenzaba su historia puramente española:

«¿Por qué tenemos nosotros que luchar contra los moros? ¿Por qué tenemos que "civilizarlos" si no quieren ser civilizados? ¿Civilizarlos a ellos, nosotros? ¿Nosotros, los de Castilla, de Andalucía, de las montañas de Gerona, que casi no sabemos ni leer ni escribir? Tonterías. ¿Quién nos civiliza a nosotros? Nuestros pueblos no tienen escuelas, las casas son de adobe, dormimos con la ropa puesta, en un camastro de tres tablas en la cuadra, al lado de las mulas, para estar calientes. Comemos una cebolla y un mendrugo de pan al amanecer y nos vamos a trabajar en los campos de sol a sol. A mediodía comemos un gazpacho, un revuelto de aceite, vinagre, sal, agua y pan. A la noche nos comemos unos garbanzos o unas patatas cocidas con un trozo de bacalao. reventamos de hambre y de miseria. El amo nos roba y, si nos quejamos, la guardia civil nos muele a palos. Si yo no me hubiera presentado en el cuartel de la guardia civil cuando me tocó ser soldado, me hubieran dado una paliza. Me hubieran traído a la fuerza y me hubieran tenido aquí tres años más. y mañana me van a matar. ¿O voy a ser yo el que mate?»


El soldado español aceptaba Marruecos como aceptaba las cosas inevitables, con el fatalismo racial frente a lo irremediable. «sea lo que Dios quiera», dice. Y esto no es una resignación cristiana, sino una blasfemia subconsciente. Dicho así, significa que uno se siente impotente ante la realidad y tiene que resignarse a la voluntad del usurero cuando le quita a uno el trozo de tierra, aunque se haya pagado tres veces su valor, por la simple razón de que nunca tuvo uno junta la suma total de la deuda.

Este español «sea lo que dios quiera» no significa esperanza en dios y en su bondad, sino el fin de toda esperanza, la expectación de lo peor. Los soldados españoles en Marruecos tenían todos los motivos para sentirlo así.

* La negrita es mía.

Arturo Barea ante los micrófonos de la BBC en 1950

Extracto de La forja de un rebelde. Tomo II La ruta. Arturo Barea. Editorial DeBolsillo.

Recomiendo con ahínco la lectura de esta trilogía para quién quiera saber un poco cómo era de verdad el día a día de la España de principios del S.XX.

Nunca he dedicado un artículo, pero este pequeño fragmento va para a mi gran amigo Alberto, quién hace dos semanas ha sido destinado a Afganistán. Mucha mucha suerte Alberto.


10 de enero de 2011

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Una cama de nubes

En un viaje como el de hoy de vuelta de las vacaciones, siempre difícil por definición, la naturaleza puede alegrarnos este con paisajes espectaculares como el que se podía ver hoy por la mañana en el descenso del Puerto del Pico, comienzo del Barranco de las Cinco Villas.





Justo dos minutos después de tomar las fotografías anteriores, la niebla comenzaba a levantarse




El valle en condiciones normales (aunque es muy habitual la presencia de niebla durante 4-5 meses al año) es así:


Una pena que no tenga una cámara mejor para poder haber captado mejor la atmósfera que se respiraba.

9 de noviembre de 2010

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El bueno, el feo, el malo... y el que voló el puente dos veces

El cine es, sin lugar a dudas un arte colaborativo. Las películas pueden ser llevadas a cabo con mayor o menor escasez de medios, pero incluso éstas requieren de la coordinación de varios grupos de trabajo simultáneos y distintos. Muchas veces esa coordinación, por su falta, lleva a que ocurran accidentes; uno de los más costosos de la historia del cine, y quizás el más costoso de todos los que han ocurrido en películas rodadas en España fue el que acaeció en 1966 en el rodaje de El bueno, el feo y el malo, dirigida Por Sergio Leone y protagonizada por Clint Eastwood, Eli Wallach y Lee Van Cleef. Sin duda es uno de los títulos más emblemáticos tanto de  los actores como del director y una de las referencias en lo que posteriormente ha sido conocido como Spaghetti Western. La película también ha pasado a la historia por la excelente banda sonora de Ennio Morricone, cuyo tema central El éxtasis del oro está siempre en los primeros puestos de las mejores B.S.O. de la historia. ¿Quién no recuerda este pasaje de la banda sonora? Quizás más conocido que la propia película

Uno de los carteles de la película


La película fue principalmente rodada en España, entre los desiertos de Almería y varias localizaciones en Burgos, en las inmediaciones de Salas de los Infantes y la Sierra de la Demanda, corazón del Valle del Arlanza. En ella participaron más de 1500 extras españoles, entre militares profesionales y vecinos de las localidades cercanas. No cobraban nada por esta participación, pero se remuneraba con 500 pesetas de entonces a los extras que se  presentasen voluntarios en las escenas más arriesgadas del film. Saltos desde caballos, si se lanzaban desde un puente al río, caídas por terraplenes....

Momento de un descanso del rodaje del rodaje


La trama gira en torno a tres pistoleros que buscan un tesoro durante la guerra civil estadounidense. Uno de las más importantes pasajes reside en la intención de volar el Puente de Langstone sobre el Rio Grande (se llegó a represar el río Arlanza para que subiese su caudal y se pareciese más al original). Para la escena, los ingenieros zapadores del ejército español levantaron un puente de madera. En este puente suceden varios pasajes de la película, pero su misión principal, era su voladura en uno de los episodios claves del film.

Trailer de la película

En cualquier largometraje, las escenas con explosiones, voladuras, destrucciones en las que interviene explosivos suelen ser las más costosas. La creación de lo que hay que explotar, y el riesgo de reconstrucción si la toma no sale bien, con el coste que conlleva, hace que sean minuciosamente cuidadas  para evitar posibles sobrecostes altos de la producción.

Puente construido

Cuando todo el equipo estaba preparado para el rodaje de la escena donde se debía volar el puente, a la espera de la señal de Sergio Leone, sucedió el primero de los infortunios. La orden convenida era: ¡Vai! (¡Vamos!) pronunciada por el director a través de un walkie-talkie y en ese momento el capitán de los ingenieros militares españoles que había construido el puente tendría el honor de apretar el detonador que reduciría a escombros el puente en el que había colocadas suficientes cargas de dinamita. Pero momentos antes de la señal del director, por el mismo canal de radio uno de los ayudantes de la película, dirigiéndose a otro de los miembros del equipo, ajenos a la voladura del puente, le dijo ¡Vai! ¡Vai! refiriéndose a un asunto que llevaban ellos dos en el rodaje. El capitán español, no distinguiendo la voz de la de Sergio Leone, obedeció inmediatamente y pulsó el detonador.

Momento de la voladura del puente en la película


El puente fue destruido inmediatamente tras la detonación, pero no había ninguna cámara rodando la explosión, segundo de los infortunios, por lo que ninguna imagen de esta accidental voladura pudo ser utilizada en el montaje final. Para fortuna del productor de la película (Alberto Grimaldi) en ese momento no había nadie sobre el puente ni las inmediaciones, por lo que no hubo que lamentar daños personales. El miembro del equipo que pronunció las palabras que no debería haber pronunciado, fue fulminantemente despedido por un furioso Sergio Leone.

El capitán español, avergonzado por su error al confundir las voces se comprometió a reconstruir un puente idéntico al destruido, para lo que se valdría de las imágenes ya rodadas en su intención de una recreación perfecta. La reconstrucción del puente se llevó a cabo en tiempo récord mientras se rodaban otras escenas de la película. El militar español sólo puso una condición para levantar el puente de manera totalmente gratuita. Se debía readmitir en el rodaje al miembro que dio la no intencionada orden. Se accedió a la petición y finalmente el puente se reconstruyó. La  escena pudo ser llevada a cabo sin problemas y con la ejecución que podemos ver en la película.

Visita a los lugares donde se rodó la película, tal como están a día de hoy

Como curiosidad añadida, Clint Eastwood sólo aprendió a decir una palabra en español durante este rodaje. Varios de los extras de la película, en los compases de espera de esta entre escena y escena, se dedicaron a coger cangrejos del Arlanza, para después preparar varias cazuelas de cangrejos con tomate y ofrecérselas a todo el equipo. Gran parte de los miembros americanos del rodaje, entre ellos Eastwood, no los habían probado nunca y quedaron encantados con el manjar. Clint Eastwood, todos los día en el rodaje sonreía, señalaba el río y decía ¡¡cangrejos!!

"Es bueno saber que en algún lugar del mundo, llueva o truene, hay un plato de sopa esperándote".

Fuente: Libro: Anecdotario del cine